miércoles, junio 24, 2015

Entrevistas cartoneras - Liliana Colanzi

  Liliana Colanzi  habla de El Ojo (Yerba Mala Cartonera, 2015) un libro que navega dentro el horror de lo cotidiano


Por: Florencia Chiaretta 






Muchos de los narradores de tu generación coinciden en la influencia del cuento norteamericano en lo que escriben. ¿Qué crees es lo más importante de esa herencia?


No hay un solo cuento norteamericano, es difícil hablar de una sola herencia. He aprendido de cuentistas con estéticas tan distintas como Hemingway o Flannery O’Connor, pero los norteamericanos no son mis únicas fuentes: también están ahí Guimarães Rosa, Fogwill, Felisberto Hernández, Clarice Lispector. 


¿Qué influencia tiene el cine en tu narrativa?


El primer atisbo de una historia se me presenta siempre como una imagen; puedo ver la escena, aunque no sepa exactamente quiénes son los personajes o hacia dónde me llevará la trama. Me gusta esa cualidad visual de la escritura que dialoga con el cine y la fotografía.


En algunos de tus cuentos, como en El Ojo y La Ola, hay una impronta fuerte del terror cómo género. ¿Qué te seduce del terror?


Tengo una fascinación con la naturaleza del mal y con la posibilidad (aterradora y absolutamente desconcertante en ambos casos) de que este sea resultado de la causalidad o de la casualidad. Me da vueltas la paradoja de Epicuro: si Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz, entonces no es omnipotente. Si es capaz, pero no quiere hacerlo, entonces es malévolo. Si Dios es capaz y puede hacerlo, ¿por qué existe el mal entonces? Y si no es capaz ni quiere hacerlo, entonces no es Dios. El género del terror es un género místico: se ocupa del éxtasis negativo ante lo desconocido. 


¿Cuándo descubres que un cuento marcha bien y cuándo decides abandonar uno que no prospera?


Creo que sé intuitivamente cuándo lo escrito está vivo: entonces todo resulta más o menos fácil, porque el resto es cuestión de pulir y afinar. Pero son pocas las historias que llegan mostrando su verdadero corazón desde el principio; hay que buscar el lugar donde la historia late y respira, y ese camino hasta allí está hecho de pura incertidumbre. Por lo general tengo fe en que tarde o temprano llegaré a ese lugar, pero hay que saber cuándo desistir: en enero renuncié a un cuento con el que llevaba peleándome cinco años, y eso fue lo mejor que pude hacer porque me dejó espacio mental para dedicarme a otras historias. 



¿Hay una intención digamos política o ética en mostrar Bolivia de determinada manera en tus cuentos?


Habría que preguntarse la ideología implícita en la idea de “mostrar Bolivia”: ¿para qué y para quién se quiere mostrar Bolivia bajo cierta luz? Hay escritores que se arrogan el trabajo de convertirse en embajadores de su país, y lo que entienden por elloes llevar bajo el brazo la agenda política oficial con salteñas, osos de la diablada y flor del patujú incluidos. La tarea de un artista no es convertirse en un funcionario, aunque en Bolivia se confundan a veces ambos roles. Sigo con mucho interés los procesos por los que está atravesando el país, pero no me interesa usar la ficción para ir a explicárselos de manera didáctica a un lector foráneo, o para alentar cierta idea de patriotismo. Entiendo el acto de escribir como una forma de meditar. Y meditar es acallar la voz civilizada y peinadita del yo para dejar que hable el inconsciente, que es el terreno de lo salvaje y el lugar donde se manifiestan las pulsiones, los miedos y los deseos de la memoria humana.



Bolivia es un país con una vasta tradición y producción poética, ¿qué relación tienes con la poesía?


Cuando tenía veinte años encontré en un aeropuerto un poemario de Jorge Campero que después me acompañó en cada país en el que viví. Trabajo, como un mantra, con un libro de poesía al lado. Ahora viaja conmigo La noche, de Saenz, y cada tanto vuelvo al Poema del Manicomio de Oquendo de Amat, y a los poemas zen. La poesía induce a un estado de paradoja que suspende las convenciones de lo posible, y ese es un lugar interesante desde el cual escribir. 


Hay muchos escritores que dicen no poder vivir sin escribir: ¿sientes que te pasa lo mismo?


Yo puedo pasar mucho tiempo sin escribir. De hecho, durante los años del doctorado me ha sido difícil escribir durante el semestre. Y a veces puede suceder que me quede estancada en una historia y que tenga que dejar durante un tiempo que el inconsciente haga su trabajo.



¿En qué estás trabajando actualmente?


En un libro de cuentos y en una novela corta.


¿Qué apuesta supone para ti publicar con una editorial cartonera?


Me encanta publicar con Yerba Mala por todo lo que significa: una manera de hacer circular libros en lugares a donde generalmente no llegan, a precios accesibles y utilizando materiales reciclados. Admiro mucho el trabajo de difusión de las cartoneras, las hermosas ediciones artesanales que realizan y lo mucho que han conseguido a pesar de contar con recursos limitados.

jueves, junio 18, 2015

Entrevistas cartoneras - Daniel Rojas Pachas

En Rancor, su libro más reciente, Daniel rompe las estructuras aún más lo que ya están; un libro que se mueve entre el cómic, el caos y lo grotesco

Por Equipo Yerba Mala Cartonera 2015





¿Cuál es la narrativa visual que más te agrada? 

No sé si darle a Rancor tal apelativo o apellido, los elementos gráficos que el libro contiene están en función de la estructura de la novela. Es una especie de bricolage caótico que busca representar un fragmento de una mente perturbada, y a la vez es un archivo policial rescatado, nosotros como lectores sólo tenemos acceso a una mínima parte, hay textos tomados de Gubern, citas y entramados por ende las imágenes de Rachel Roxxx, Carmela Bing y las videografías porno son parte del tránsito que sirve para reconstruir el crimen que se narra, un poco como dice Auxilio Lacouture al inicio de Amuleto “Está será una historia de terror. Será una historia policíaca, un relato de seria negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz”

 ¿Cómo ves a Rancor dentro de esa misma narrativa visual?

La veo como una novela breve que trabaja una mixtura de discursos algo que de algún modo había hecho con mi libro SOMA. Al escribir no pienso en géneros sino en un montaje y la hibridez del lenguaje.

 ¿Cómo y cuándo  nació Rancor?

A la par de Random, mi novela publicada el año pasado en Chile por Narrativa Punto Aparte. Voy trabajando muchos proyectos en paralelo dejando que se contaminen entre sí.

 Rancor son varias historias que forman un todo ¿Cómo se llegó a unir?

El hilo conductor de Rancor está en Confesión de parte. Esa parte del libro es un relato autónomo y nos presenta de modo subjetivo el crimen que moviliza toda la trama. Esta historia fue originalmente publicada en Arequipa por editorial Dragostea en una revista/libro que tomaba como Leitmotiv: el exceso y el placer y en la cual tuve la suerte de ser seleccionado junto a muchos autores que respeto. Yo a esa altura ya tenía pensado Rancor pero no lo había materializado, mi idea era construir una especie de almanaque o libro hecho de retazos como un espejo roto o muñeco grotesco armado con partes disímiles que no terminan de encajar, un engendro que se comunica por su fealdad y que de algún modo es la mente del personaje de Confesión de Parte acosado por la violencia de su infancia y sus obsesiones en las cuales se cruzan las historias de esta pareja de hermanos incestuosos, el guión de Lee Wournos vs Green River Killer, actrices porno, el caníbal de Milwaukee y así. Debo señalar que durante la construcción del libro pensaba mucho en el hermano del dibujante Robert Crump. En un documental sobre el artista de contracultura y su familia, vemos al hermano de Crump y su enfermedad mental, este tipo también dibujante, desarrolla hasta su suicidio un comic en el cual los personajes y atmósfera se van desintegrando hasta que las formas humanas desaparecen siendo reemplazadas en las viñetas por grafemas, luego solo machas y finalmente puntos irreconocibles capturados en bocadillos que inundan la página en blanco, creo que esa idea de la desintegración relacionada con el deseo de Dahmer de ser erradicado, motivaron mucho mi escritura de este libro.

¿Por qué el nombre de “Rancor” (rencor en castellano) como título del libro?

Mis libros establecen entre sí vínculos de cointerpretación, como en los comics en que tienes crossovers, pienso en función de un universo más extenso y Rancor es un apéndice de Random y las historias que en esa novela más extensa, son pequeñas capsulas que revelan mundos sórdidos, enrarecidos y postapocalípticos. Pienso en Rancor como detritus, en esa medida apelan a una estética de género B o subliteratura, como un folletín pornográfico que forman parte de un mapa mayor en las cuales se cruzan mis  obsesiones en torno a la degradación de la carne y la literatura del mal, la rabia como energía motora junto a las lecturas que son parte de mi educación sentimental, Akira, Bataille, Sade, Henry Miller, Haroldo de Campo, Beckett y así podría seguir.

Rancor muestra un contexto y una mentalidad de varios de sus personajes ¿Cuál crees que es el motor que mueve ese mundo?

El placer desaforado que les permite estar por encima de lo que la sociedad entiende como perversiones, el incesto, el canibalismo y así…

¿Qué música le pondrías a Rancor?
Sex and Violence Danny Diablo feat. Tim Armstrong and Everlast

¿Cómo llegaste al mundo literario? ¿Cuál fue el inicio o la “motivación”?
Los comics y grandes cuotas de tedio e insatisfacción en mi entorno, mi hogar durante la adolescencia, el colegio durante la secundaria y luego la escuela de Derecho. La suma de todos esos elementos me llevo a Kafka, Bataille, Pasolini y Beckett y nunca pude volver atrás.

¿Cuál crees que es la cita clave de Rancor?
La declaración de Jeffrey Dahmer antes de morir

¿Cuál es la cita más impactante que hayas leído?
De Kafka “Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro." y de Lamborghini “Remontamos el cuerpo flojo del niño proletario hasta el lugar indicado. Nos proveímos de un alambre. Gustavo lo ahorcó bajo la luna, joyesca, tirando de los extremos del alambre. La lengua quedó colgante de la boca como en todo caso de estrangulación.”

   ¿Cómo ha sido tu transición del cuento a la poesía?

Siempre he escrito mis libros como proyectos por encima del género con que el editor, librero y lector procura más tarde encasillarlos, Gramma, Carne y Soma (mis poemarios) son tan híbridos como Rancor y Random, estos dos últimos dentro de la novela, el más tradicional como libro de poesía es Cristo Barroco, sin embargo, el editor peruano que publicó ese libro eliminó un ensayo sobre los Seis tigres de la poesía chilena lo cual a mi juicio dialogaba con la presencia transversal de Lihn y Luis Hernández, por tanto creo que transición per se no hay, sólo un flujo discontinuo y fragmentado por el lenguaje, el resto son formatos y tecnologías que de modo más o menos antojadizo, como mencioné, el editor y los sellos que me han publicado en Perú, Chile, Argentina o México han asumido.

lunes, junio 08, 2015

Entrevistas cartoneras - Rery Maldonado

Después de radicar varios años en Alemania, la poeta regresa a casa y rememora el tiempo vivido en medio de bicicletas, viajes de metro y la necesidad de haber escrito un libro a manera de entierro

Por Equipo Yerba Mala Cartonera 2015



Foto: Kattia Averanga
Andar por casa es un nombre que invita a un recorrido, un paseo, pero comprendido en un lugar pequeño, interno. ¿Qué sentido quieres transmitir con él?

Tal vez sea un título muy literal. Los textos narran un periodo de mi vida muy puntual. En el que prácticamente creía que había dejado de escribir, tenía dos trabajos, un marido, un amante, dos países, dos idiomas… jajaja… realmente no tenía tiempo para sentarme a escribir esos poemas. Los iba componiendo en los viajes en metro o en bicicleta entre un lugar y otro de Berlín, de memoria. Como Borges, que era ciego, y que solía componer de memoria antes de dictar.

Y, sin embargo, esta casa parece ser algo futuro, próximo, de lo que uno quiere alejarse, como en los versos: “habrá que irse/antes de que aparezcan/porque se anuncian/los colores pastel/las moñas/ese nuevo kitsch de lo impoluto/soy alérgica”Siguiendo esta línea, la tensión entre el rol de la mujer y lo que representa la casa como deber suyo es central en el texto…Tú qué opinas de lo que en la sociedad es conocido como el rol de la ama de casa?¿Un estereotipo, un prejuicio, una rutina?

Sobre el trabajo, como tal, no opino. Porque es muy duro limpiar, cuidar, quedarse en casa y criar a los hijos. Es un trabajo que merece ser valorado y remunerado, pero no puedo imaginármelo como mi vida, tengo casi 40 años y sólo he dependido económicamente de mis padres, nunca de un hombre y hace mucho tiempo que pago sola mis cuentas. Personalmente no puedo imaginarme vida en pareja o la posibilidad de familia si no es con un compañero y en cooperativa. Eso quiere decir: compartiendo el trabajo de la casa y los gastos. Respecto al poema, si, tienes razón al recalcar la tensión en el cuestionamiento al rol tradicional de la mujer, pero el poema en general y esos versos en particular, iban más, en su intención original, a tipificar la fachada ordenada de la familia burguesa, no tanto de la ama de casa. En la familia de clase media moderna, las mujeres suelen tener educación universitaria y realmente muchas son independientes económicamente. Así que en este caso, la intención consciente era plasmar ese cuestionamiento existencial respecto a las maneras en las que puede vivirse “familia”, “mujer” o incluso “ama de casa” o “amo de casa” y a mí el burgués, con la virgen María como referencia de entendimiento, servicio y resignación, no me interesa como inversión.

Me gustaría que me hables de las imágenes de las flores, desde la caja de cartón con rosas amarillas, hasta el olor de los geranios,las flores azules en el cementerio y los lirios.

Ese libro es un entierro, me parece lógico que tenga flores por todas pares. Me estaba separando de mi compañero después de siete años, mi sociedad en la librería que tenía se iba a pique, odiaba el trabajo en la revista que pagaba las cuentas, corría de un lado a otro… las flores aparecieron con los versos inconscientemente, supongo que porque me encantan y me apaciguan y Berlín en primavera está lleno de flores. Crecen naturalmente hasta en los muros, es una época muy húmeda. Me gustan mucho.

Este transitar entre naturaleza y ciudad, ¿Es una separación, una fusión, un abandono?

Una necesidad de mi espíritu. Soy una persona urbana, viví muchos años en una ciudad enorme, pero necesito de vez en cuando un momento a solas, con árboles y viento. No puedo pensar si no tengo, cuando lo necesito, un escape directo e inmediato al monte. Así que, en el plano mental que tengo de las ciudades, siempre están marcados puntos, donde sé que puedo estar a solas en el verde.

¿Qué te provocó escribir Andar por casa?

Fue una necesidad. Escribí poemas muchos años, textos aislados, puntuales. Hasta Andar por casa no había tenido la paciencia de trabajar un concepto y de pronto esos textos estaban ahí, formaban un conjunto redondo y no podía silenciarlos. Mi cabeza volvía a ellos, los componía, los ordenaba, le servían de exorcismo para superar el cotidiano. De alguna manera fueron un salvavidas y una escuela, cambiaron para siempre mi manera de entender el oficio y definieron notoriamente el estilo con el que sigo trabajando.

¿Cómo fue la experiencia de publicarlo por primera vez con Eloisa Cartonera de Argentina?

Muy linda, ya conocía a Cucurto, en esa época pasaba seguido por Berlín. Había estado varias veces en mi librería de visita. Por entonces, y todavía, yo estaba enamorada del proyecto y siempre tenía a mano su catálogo, sus libros. Creo que en general, mi librería un par de años sirvió como plataforma para varias editoriales alternativas y Eloísa era una de las más destacadas. Cuando María, la compañera de Washington, me dijo que quería llevarse el manuscrito me alegré mucho, ella le puso el título final y unos meses después lo presentamos en un bar de Berlín. Todavía tengo pendiente una lectura en Buenos Aires, pero no he vuelto a ir a esa ciudad, así que no conozco ni la cartonera, ni la huerta que ahora tienen como proyecto complementario. Me encantaría.

Desde la escritura de este texto, ¿has publicado algún otro poemario?

Tengo Ante el espejo, hasta ahora mi proyecto más ambicioso, yo lo defino como un ensayo estético, un libro expresionista que se orienta mucho a la pintura de los años de entre guerras mundiales en Europa. La mayoría de los poemas tienen una vinculación concreta con cuadros de la época o se adscriben estilísticamente a la escuela, siguiendo el ejemplo de autores como JörgFauser. Un fragmento de esto libro fue publicado por La Propia Cartonera de Montevideo en 2011, en parte ha sido publicado en alemán por Ostragehe y Lauterniemand, en sueco por la antología Skräp-Poesi 2 y por otras antologías publicadas en Latinoamérica, así como blogs y revistas. Completo nunca, es extenso y viene acompañado de fotos de los streets performances que hice en varias ciudades del mundo para ilustrarlo. Como ensayista tengo un libro en alemán, escrito a cuatro manos con la poeta Nikola Richter, publicado el 2011 por el VerbrecherVerlag de Berlín y como traductora “Bandera roja”, una breve antología del poeta JörgFauser, que la editorial Limache250 publicó en Buenos Aires en 2013.

¿Qué opinas de la producción literaria en Bolivia los últimos años?

Creo que conozco mejor la prosa y el ensayo, que la poesía contemporánea en nuestro país y hay autores jóvenes que me parecen destacables. Cuando Sarachura despierta, me parece un libro excepcional. El año pasado pude conocer mejor el trabajo de AllexAyllón y Clider John… creo que los chuquis tienen en este momento una movida muy interesante.

¿Tienes algún proyecto estos días?

Realmente no, de momento me acostumbro a volver a vivir a La Paz después de tantos años y a trabajar con horarios de oficina moledores, escribo artículos y crónicas en el laburo y como traductora he tenido que desempolvar mi portugués. También he vuelto a los poemas sueltos y esos para mí son básicamente ejercicios. Particularmente me gusta desarrollar trabajos más conceptuales, para que el conjunto de poemas en un libro sean eso, un conjunto con textos que se interrelacionan y varios planos narrativos. Sólo tengo dos libros y ambos, al margen de los poemas propiamente, narran una historia e incluso, desarrollan personajes. Me admira la gente que puede producir un libro de poemas al año, yo soy incapaz.

jueves, junio 04, 2015

MANUAL DE INSTRUCCIONES QUE NADIE LEE

Para preparar un evento literario cartonero, se necesitan: varios poetas, algunos narradores, un cantautor, gente dispuesta a trabajar sábados por la tarde (corte y corrección), un editor que se especializa en aumentar el volumen a archivos de youtube y cartón. Para empezar este año, Yerba Mala Cartonera, tuvo la oportunidad de realizar la presentación colectiva “Nadie Lee”, que contó con publicaciones de escritores de Bolivia, Perú y Chile, con esta finalidad se realizaron dos eventos que de manera retrospectiva se irán relatando en la siguiente crónica:


Vadik Barrón: 20 años en el Sub Pub

Con tres sets de composiciones propias, adelantos del nuevo disco y algunos covers Vadik Barrón se presentó en Subpub el jueves 28 de mayo. “Home sweet home”, era la invitación para volver a visitar el Subpub y disfrutar una noche de precalentamiento de la última semana de mayo, que entre música y literatura marcaban un fin de mes agitado para Yerba Mala Cartonera.

El primer set de la presentación, estuvo poblado por canciones como “Alalay” y las cadencias de “Cleptomanía”, que muestran un trabajo bien logrado del cantautor y de yapa “Calaveras y Diablitos” de Los Cadillacs, todo acompañado por una voz que se quebraba en el fondo de un escenario con luces vibrantes, que nos invitaba a conocer el mundo melódico de Barrón, que celebraba sus 20 años de trayectoria, mientras que en el break parecíamos sumergidos en una cápsula del recuerdo al escuchar hits Mtv latino cuando Soda Stereo y los Caifanes eran la banda sonora de un país llamado noventas. Afuera, en la ciudad (de la furia) en una avenida cercana al boliche, un accidente de tránsito activaba alarmas, aullidos de perros, reclamos y conductores infractores, mientras nosotros seguimos siendo tripulantes del menú musical.

Después de una pausa y la invitación para adquirir libros y discos, acomodamos el iPoem, que fue publicado el 2008 por YMC y presentado una tarde de septiembre en la Feria del Libro de La Paz, ya han pasado 7 años, de promocionar y difundir este poemario, hit-bestseller cartonero, antes de que Vadik gane el  IX  Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal 2013, viaje por el mundo, grabe más discos, publique varios poemarios y retorne a Bolivia.

El segundo set no se deja esperar, después de saborear el fernet y ajustar unas notas Vadik explica al público el proceso creativo de dos canciones “Yungas” una composición que escribió cuando estaba fuera de Bolivia y “Berlín” cuando estaba en La Paz ambas del álbum “Efectos personales” develando el nomadismo y la búsqueda del cantautor. El público se calienta y repite el estribillo del “cielo que imaginaria Pink Floyd”. Hay algo generacional que nos une, hay un disfrute compartido y también cierta nostalgia. Al escuchar las experiencias del cantautor que en el backstage, nos relataba su estadía en Alemania y que compartió el escenario con bandas como la Bersuit.

El tercer set es el momento justo para convocar a Leo García con “Isla” y también a Calamaro, la noche avanzaba, el público aplaudía, el fernet se evaporaba y continuábamos envueltos en la voz poética de Barrón, mientras algunos pedían la típica yapa cochabambina, la clásica canción “Nintendo” le puso el toque final a este concierto. Después de recoger algunos libros, compartir el tiempo con dos buenos amigos y audiovidentes del concierto, toca abrazar a Pablo Navia prometiendo un retorno seguro al Subpub, y esperando que el proceso en curso de subir los archivos cartoneros en ISSUU llegue a su fin, decidimos salir del lugar, caminar y seguir recorriendo mentalmente, el nuevo disco que despertó afectos personales y los rockanroles con destino. 


Recuento de los hechos: Presentación colectiva “Nadie Lee”

Son las 18:45 del sábado 30 de mayo. La hermenéutica resulta ser la misma: repartirnos el equipaje, caminar rumbo al mARTadero, sentarnos en una de las mesas del café “Mosquita Muerta”, preguntar sobre los equipos, acomodar los libros cartoneros y sentir ese razzz de frío por la espalda, antes de cada presentación. La gente va llegando de a poco, varias caras conocidas, otras no tanto, las personas interesadas en saber ¿por qué nadie lee?, y el aroma a lasaña que está a punto de ser ofertada.

Dos semanas antes, en una actividad organizada por “La Floristería” surgió la idea de crear el evento “Nadie Lee”, esperando que no sea una profecía auto cumplidora, posteamos y empezamos con la campaña de hashtags, después de participar en “khatu libre”, el “Tea Party”, tener sábados largos de corte y edición. Llegó el día de la presentación colectiva, el MC del evento, empieza explicando que la primera parte del programa es la presentación virtual de los siguientes escritores: "El Ojo" de Liliana Colanzi (Bolivia) una compilación de varios cuentos de esta joven escritora cruceña; "Yakuza" de Francisco Ide Wolleter (Chile), quien con una música asiática de fondo lee sus poemas sin pausa; "Rancor" de Daniel Rojas Pachas (Perú) gran figura de la literatura independiente, comparte un fragmento de su obra mandando saludos a la editorial. Los asistentes escanean las imágenes y surgen piropos a Colanzi, otros preguntan el argumento de Rancor o sí venderemos el libro de Rery Maldonado. La noche avanza mientras la “Mosquita Muerta” parece una pecera luminosa con un lleno total.

Como segunda parte llega el momento de presentar el catálogo cartonero en ISSUU, parece ser un suicidio editorial subir todos los archivos publicados de narrativa y poesía de Yerba Mala Cartonera. Pero a la vez como sabemos que nadie lee, acordamos que el hecho de compartir en el ciberespacio las publicaciones que realizamos es una forma de expandirnos sin restricciones y continuar con nuestro proyecto editorial (aunque a fondo perdido).

Para ir cerrando el programa se realizó la ronda de lecturas donde participaron: Rery Maldonado con imágenes poéticas efectivas e intimistas; Vadik Barrón leyó sus poemas de libros anteriores con musicalidad y fuerza; Juan Malebrán empezó a leer con intensidad “reproducción en curso” que publicó con YMC, recordando los años transcurridos, y también “Bozal”—su libro más reciente—; Pablo Cesar Espinoza eleva su voz con varios poemas, en una primera ocasión con su poema “ciclo-vía popular”, para después, en la segunda ronda estremecernos con "Frente a la foto de kindergarten 95", le aumente una palabra más, nos confiesa, pero nosotros sabemos que ese poema ya es un clásico, además de ser su última lectura en Bolivia, porque pronto partirá a Filipinas. Así nomás se diluye mayo, con celebración y nostalgia.

Para terminar la presentación, llega el momento de la Tocada acústica de Vadik Barrón — quien entona cuatro canciones, más varias yapas— que entre los aplausos, se da el tiempo de  bromear respecto a qué #nadiecompra #porquenadielee. Nos dispersamos por el café. El ritual cartonero ha terminado. 


sábado, mayo 16, 2015

Nadie Lee - Presentación Colectiva YMC



La desorganización interna a la que esta editorial se resigna, refleja el asentamiento de las letras y otros ademanes como lo hace una yerbamala entre los arbustos que nadie ve y a todos estorba; de esta forma hemos venido trepando con varios cómplices con dirección a ninguna parte y esta misma licencia nos permite hoy semejante mixtura de evento.

Presentación Virtual de:
- "El Ojo" de Liliana Colanzi (Bolivia)
- "Yakuza" de Francisco Ide Wolleter (Chile)
- "Rancor" de Daniel Rojas Pachas (Peru)

Lecturas de:
- Rery Maldonado
- Vadik Barrón
- Pablo Cesar Espinoza L.

- Juan Malebrán

Bonus: Presentación Catálogo Yerba Mala Cartonera en ISSU

Ca´hj de honor, coro general

... Esto y más el sábado 30 de mayo a Hrs 20:00 en La Mosquita Muerta (martadero) porque en realidad #nadielee

martes, enero 06, 2015

Congénito, sobre “Bozal” de Juan Malebrán


Por Roberto Oropeza


Los errores del padre no son los errores del hijo; pero los vicios, esos sí son heredables. Al menos, ese es uno de los centros motores de Bozal  (edición especial de Yerba Mala Cartonera, 2014) del autor hospiciano —radicado en Cochabamba— Juan Malebrán.

“Sed que te heredo en medio del miedo” o dicho de otra manera: el lento proceso de autodestrucción generado por el alcohol, que se asemeja al  lento transitar en una peregrinación, teniendo a la pampa como telón de fondo —ese eriazo tan desconocido por estos lados— propicio lugar que no oculta nada y que a simple vista tampoco dice nada.

Este no decir, este no manifestarse del todo es otro de los aspectos sobre los cuales gira el poemario, dueño de una contención y economía de palabras que explica sólo lo justo y  necesario “el coraje no alcanza para arrancarnos de cuajo la lengua que nos mantiene balbuceando en el regazo de nosotros mismos”.

Este acto, el de la imposibilidad de decir las cosas o revelarse ante las mismas, es un juego de a dos puntas, por una parte el autor que, pese a la violencia de algunas de sus imágenes, es mesurado y preciso con  las mismas; y por otra el lector que no puede hacer otra cosa que leer sin poder reaccionar o manifestarse de manera diferente. Conclusión: la comunicación entra en una fase de deterioro, se hace inservible. De alguna forma las dos partes han quedado amordazadas “frente al miedo que la carne impone”.
(…) Un estropajo por lengua
es lo que se tiene
como un nudo que se ciega y
se traba con el segundo vaso
asegurando la incontinencia y
el tiro al blanco en los urinarios.
Bozal no viene a ser una colección de recuerdos familiares amenos “para entonces quizás tu hermana haya dejado de soñarme cada noche cubierto entre mortajas como un cristo ebrio”; pero tampoco busca regodearse en la lástima por la pérdida del padre. Es una fotografía en blanco y negro de la realidad y sobre todo de los recuerdos mezclados con el asco y el delirio de quien posee  esa sed expuestos  todos  a contraluz sin ficción que los salve “que otros lloren la derrota, el desgaste o hasta el triunfo”.

Otro aspecto relevante es el cambio constante del hablante lírico, como el cambiar de carril por la autopista. Este aspecto ayuda de sobremanera a que el poemario fluya libremente por su cauce. Malebrán es consciente de esto y se lo hace notar al lector “todo caerá, incluso tú, que confundes mi voz con tu voz”.
Punto aparte, merecen los 3 textos centrales —aquellos que vienen con numeración romana—y que podrían ser vistos como un epitafio, uno extenso donde el padre va relatando sus últimos momentos:
“Ernesto del Rosario Malebrán Rojas
nacido el 9 de febrero del cincuenta y dos.
Le dije a la enfermera que llenaba la ficha
mientras, mis hijos a lo lejos
no se enteraban que esa misma mañana
dejaría las sábanas para pasar al cajón”
Esto es, una referencia que bien podría llegar a catalogarse como un tributo u homenaje a la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters y su “colección” de espíritus errantes por los pasillos de un panteón, contando sus historias, quejándose por el lugar que les toca ocupar en su última morada. Bozal podría instalarse perfectamente en ese espacio, como un epitafio más, escrito a dos manos por padre e hijo o por uno de ellos que ya no sabe quién realmente es.

Publicado en una edición especial por la editorial Yerba Mala Cartonera, este pequeño libro, también podría ser visto como las últimas palabras de alguien que está por caer o quizás, y esto es lo extrañamente triste: las primeras de aquél que ha comprendido su destino, mediante el otro.

Volutas
 “Adiós, adiós a nada. Doy gracias,
. . . . . . . . . . . . . . .muchas gracias”
. . . . . . . . . . . . . . . . Robert Lowell
De las cuatro cosas que vivimos
ten en cuenta la tarde en la que te dije:
“cuídate de la tierra de cementerio
en las esquinas de tu casa.
Los muertos hablan un idioma
que algunos aprendieron
de la calaca con la que beben.
Cuídate de ellos y de la sal
en el fondo de tus bolsillos.
De aquel que comparte tu mesa y
guarda en su corazón el bálsamo
del evangelio
-aléjate-
delas plegarias de tu madre y
de la familia en su liturgia.
Ten en cuenta
que no todos han nacido
para leer el mundo en el filo de los vidrios
que en lo alto de los muros
el viento desgasta lentamente”.

lunes, diciembre 29, 2014

Alborotos de una desastrosa caída Ave no chão, - Pamela Romano (Yerba Mala Cartonera, 2014)

                                                                                                                                 Por: Mary Carmen Molina Ergueta



Pensé en una imagen cuando leía los poemas de Ave no chão. La imagen de un rinoceronte en el zoológico de Buenos Aires, una fotografía de Adolfo Bioy Casares. La enorme bestia está en la esquina de su pequeño espacio, arrinconada, en un estado y una posición parecida al descanso, pero también al hastío. Vemos la sombra de las rejas sobre su cuerpo, que parece que se viera más plomo porque la fotografía es en blanco y negro. Imposible no imaginarse la furia de este animal –ahora agazapada,  resignada– en medio de una selva solitaria, su ancho hogar. Sin embargo, la furia aparece convocada en la foto, en el enclaustramiento retratado: el hastío del animal tiene que ver con la ansiedad. Estar en otro lugar, parece decir.

Como esta imagen, los poemas del libro de Pamela hablan de estar en otro lugar, de las cosas desencajadas y orientadas, digamos, hacía un ir yendo que nunca termina: el “proyecto de lo inconcluso”, el “cambio de estado”, “ese marco distorsionado / que no distorsiona / que distorsiona que hace / que aparezcas divagando con tu rostro / cuando aparece fugaz como las cosas que no recordamos cómo / son en su interior”. En el dilatado andar de las cosas hacia su devenir -impreciso porque es el andar en sí, es decir, el hecho corporal de abandonar el espacio como única vía posible de habitarlo- en este dilatado andar, la voz se fascina con la informidad, la contrageometría, la imagen de unas ropas mojadas colgadas con ganchos en cuerdas livianas, pero también la imagen de una bailada que parece una bailada de carnaval, o una larga noche de alboroto, cuando beber vino es ingerir la planta para que la planta sea en uno, demoler la raíz –la propia y la ajena parasitada en la propia– y contemplar un cielo, ese cielo que ve el cuerpo atareado por el honroso oficio de emborracharse.

Este poemario está colmado de una fascinación por el extravío, no como estado, sino en sus maneras dilatadas, extendidas, de apreciar las cosas, de mirarlas amorosamente proyectadas hacia el vacío, hacia la incontrolable cantidad de vacíos que las rodean. Ser es cuestión de pararse, digamos, ante un precipicio y aventarse al proceso de caer, de escribir sobre un vuelo sin atender las pausas, la estabilidad, el punto A y el punto B latentes pero no habitados, imaginados y depositados en una bolsa negra: “irse es un encuentro –hacía lo que no se sabe / sabiendo que has llegado absolutamente tarde”. Pero el libro nos habla sobre una caída, o sobre una disgregada secuencia de caídas impulsadas por una fe que celebra el fracaso de lo que es incompleto. Por eso me parece que leer este libro tiene que ver con imitar las caídas, o al menos encontrar los huecos donde cabrían unas caídas más o menos personales, más o menos replicadas. Éste es un libro descompaginado, reunido por un desorden parecido al de las manchas o los pedazos, o los granos de arroz contabilizables en un plato. “Soy a retazos repetida como el pasto”, podríamos repetir a coro con la voz. Ella se juega por el desvarío, por una voluntad de conmoverse ante el más ínfimo y el más tremendo movimiento del universo: allí se encuentran un perro mojado con la observación del sol, actos desamparados en un universo desamparado.

Escribir este desvarío adquiere un movimiento frenético. Tengo la impresión de leer a alguien que corre festejando la persecución de una enorme bestia, que va a matar. Esta agitación de la voz aparece en un poema titulado “el banquete”, donde el cazador le entrega a su presa en igual intensidad que lo que le quita: la caza es una graduación de reciprocidad, donde se pierde y se gana, donde matar es un amoroso acto de acompañamiento. El ritmo de la persecución es registrado y las cosas se miran desde esta fe: la intermitencia, lo entrecortado, son formas vivas, muy libres, que se escuchan a veces como si se tratara de la superposición de diferentes registros de la misma voz, otras veces como la voz y su eco, desigual, irónico. Esto no se ofrece como una alternativa: el registro es un residuo de la mirada, en la que no se puede confiar, una imagen o una serie de imágenes que contienen, que son lo opaco. Pequeñas y raudas apariciones que, dice el poema “112”, “pese a todo persisten y laten / como si apretaran y sostuvieran algo / quizás un corazón”. No sabemos, no nos acordamos el interior de las cosas y su imagen nos sostiene en el deseo, no en su fin. Estar proyectado a otro lugar, estar diferido en la imagen, no habitar el lugar porque se habita la imagen.

“Nada de la visión es cierto”, dice, y por eso atender el desacierto con palabras es un camino de tropiezos, nudos, astillas. Escribir es reescribir, pero con los dedos desencajados, o con la ceguera que da la afrenta al sol, o sobre una mesa que vulnera y astilla las manos, o con el humo borroneando y difuminando los contornos, la soledad específica –pretendida– de cada cosa. El lenguaje aparece vulnerado, lastimado, incendiado, plagado de huecos por donde la materia de las cosas fluye. Mirar es aceptar que lo que sostiene no puede ser visto. Por eso la ansiedad de la persecución imaginada o intervenida es la tonalidad de estas palabras, que saben que lo que les ha sido dado no puede ser descifrable o transferible. Por eso, en los poemas de este libro, la forma en la que las palabras están dispuestas, su contigüidad, su distancia y su velocidad, toda esta configuración se sostiene en lo que no se ve, es decir, en cosas, en palabras que no son dichas o que no se pueden escuchar, en registros que no se hicieron. Se debieran hacer, sugiere la voz en al menos dos momentos: la foto que debiera ser la única, el grito verdadero que no se escribe nunca y es lo que debe escribirse. Creo que ambas imágenes se articulan por la idea de la celebración de la extinción, que es constante en casi todos los poemas, y que es algo parecido al rastro de la ansiedad, o hacia donde se proyecta esta ansiedad, digamos, productiva, paradójicamente fértil. Las cosas extinguen o van extinguiendo su estado, con frenesí, con el cuerpo siendo cuerpo, viviéndose como si fuera propio. No lo es, o su propiedad no es transferible a nosotros. A préstamo, el cuerpo a través de la escritura reconoce su amparo y su desamparo, se abandona a su desastre, a su hermoso caos.

El rinoceronte, como el lenguaje en los poemas de Ave no chão, está en otro lugar. La ansiedad sostiene su movilidad, siempre diferida.

el cuerpo es una proyección una fibra latente
cuyo segmento menor
es al segmento mayor lo que el segmento mayor es a la totalidad
es decir tu mano es a tu brazo lo que tu brazo es a tu cuerpo
dicho con claridad
no?





sábado, noviembre 22, 2014

Entrevistas cartoneras - Patricia Requiz

"¿Mi objetivo? salir por completo de mi zona de confort"

Patricia Requiz irrumpe en la literatura boliviana con Los Lunares de Crawford, un libro donde la soledad, el rechazo y el erotismo conviven en seis cuentos donde la escritora trata de lidiar o a lo sumo convivir con ellos.

por Equipo Yerba Mala Cartonera-Bolivia. 2014


Desde tus colaboraciones en colectivos como "Pan de batalla" y "Escritorio acrónimo" a la publicación de tu primer libro ¿Cuál ha sido la  evolución  de tus textos?

Abismal, tengo algunos textos de hace años atrás guardados en los archivos de mi computadora y sólo digamos que me alegra que sigan ahí y no publicados en otro lugar. Creo que es importante que un escritor se supere de un texto a otro, espero y después de los Lunares de Crawford la diferencia siga siendo abismal sin perder su esencia.

¿Cómo ha sido el proceso de construcción de "Los lunares de Crawford"?

Ha sido una cosa de trasnoches, borrar y volver a escribir, reír, llorar, putear, ver películas  de Lars Von Trier, apagar el televisor y continuar con el cuento, la computadora infecta de virus, llevar al técnico y continuar con los cuentos. Ha sido algo así más o menos.

¿Cuál es el común denominador entre todos los cuentos?

Todos llevan en la frente el sello de reverendos perdedores, personas por las que no voltearías a mirar dos veces y que siempre olvidas su nombre en la calle o en alguna fiesta. Una mujer sentada en un café a media noche, una niña en un puesto de hamburguesas, una anciana muerta en la soledad de su hogar, un nerd en un colegio cualquiera, un patético profesor de artes plásticas y  un hombre que ve mucha pornografía. Todos están en la búsqueda implacable de una venganza que nunca llegará a concretarse, tal y como sucede en la vida real.

¿Con qué escritores o estilos te sientes más identificado cuando escribiste "Los lunares de Crawford"?

Creo que siempre ha estado presente inconscientemente la influencia del escritor mexicano Xavier Velasco.

¿Que banda sonora le pondrías?

Sería “Creep” de Radiohead.

¿Cómo ha sido la experiencia de escribir textos abordando desde el punto de vista masculino?

Bastante difícil. Sigue siendo un reto para mí abordar temas desde la perspectiva masculina, por el mismo hecho de que quién está pincelando la historia desde el fondo es una mujer. Aun así voy a intentarlo las veces que sea necesario ¿Mi objetivo? salir por completo de mi zona de confort.

¿Tus cuentos podrían entrar en la categoría de literatura erótica? 

Sí, a pesar de que yo no podría considerarlos eróticos puramente, creo que los matices de erotismo que forman parte de cada uno de los cuentos de la antología no fueron intencionales, están ahí porque la historia así lo requería. Es posible que más adelante mis cuentos no contengan ni un rastro de erotismo, todo depende de qué quiero contar y de qué forma.

Uno de tus cuentos, Retrovisor, aborda el tema del snuff y  la desaparición de niños...

Tuve mis dudas cuando empecé a escribirlo,  eran temas delicados y no quería  que el mensaje se interpretara de forma incorrecta, pero cuando me encontraba por la mitad de la historia decidí mandar por un tubo todos los principios y mis buenas costumbres. Cuando estoy leyendo me gusta toparme con un texto que no piensa ser condescendiente conmigo y que de a buenas a primeras introduzca el dedo en la llaga y que extrañamente llego a disfrutar, cómo cuando te cuentan un chiste de judíos y botones, no deberías reírte (eso te dicen) tarde, ya lo hiciste y vaya que te reíste. Hubiera querido arriesgarme más con Retrovisor, aún tengo mucho de que despojarme, quiero que mis textos reflejen mi perspectiva de la realidad.  

¿Cómo sientes que te arriesgarías más en un futuro?

Creo que todavía me falta dejar atrás ciertos “principios” que llegan abruptamente a mi mente cuando intento mostrar mi propia verdad a la hora de escribir, es cosa de tiempo, pienso, o como un amigo mío alguna vez  me dijo: "Solo déjate llevar".

¿Cómo ves el panorama de la literatura boliviana?

Creo que ya existe una generación  de escritores en la ciudad, con propuestas nuevas  y explosivas, existen más posibilidades de publicar textos y contar con el apoyo de muchos colectivos independientes, hay una movida literaria bastante interesante, pero aun  así estamos en la nebulosa, sin mencionar la eterna ausencia de las autoridades  y el desinterés de las personas en apoyar el arte local,  pienso que algunos todavía leen la reseña del escritor antes de comprar un libro, o como lo sucedido en el último evento, buscas el stand más atractivo con los libros más rimbombantes y precios exuberantes, antes que detenerte a ver el stand con libros hechos a mano, en papel bond y fotocopia. Y eso solo hablando de literatura, que si hablamos sobre teatro y  cine en Bolivia, estamos igual o peor.

¿Por qué decidiste publicar en Yerba Mala Cartonera?

Yerba Mala siempre ha sido un espacio que ha acogido a nuevas voces, no solo escritores jóvenes con propuestas frescas, sino también a escritores reconocidos dentro y fuera del país, sin mencionar que es una de las pocas editoriales independientes que lleva muchos años aportando a la literatura boliviana. Es un honor ver mi nombre entre sus listas junto a otros escritores.

¿Que proyectos literarios se vienen después?

Por el momento seguir trabajando en mis textos, es claro que no voy a dejar de escribir, me gustaría seguir experimentando, quiero aprender a escribir guiones cinematográficos, quien sabe y resulta bien, o quizás no. Ni yo misma estoy segura.

viernes, noviembre 14, 2014

Descarga libros cartoneros 2014


Vamos al grano, lo hemos venido hablando en las presentaciones y en las entrevistas, no hubiéramos oído ni un disco, ni leído un libro: somos lo que somos por ella y nos debemos a ella. Les dejamos los links de descarga de todos nuestros libros publicados el 2014.

Juan Malebrán - Bozal
Fabián Casas - Tuca
Pamela Romano - Ave no chao
Patricia Requiz - Los lunares de Crawford
Extraeditada Cuento
Yamil Escaffi - Cadáveres personales

Disfruta pero sobre todo difunde.

Yerba Mala presente en la Feria del libro Cochabamba

Se terminó la Feria del libro en Cochabamba ¿el balance? positivo, contamos con un stand poderoso/compartido con los viejos amigos además de algunos nuevos; desde allí pudimos ofrecer una alternativa al lector que está cansado de encontrar los mismos poemas de Benedetti (ponga usted el nombre del autor que más prefiera) que se había comprado hace cinco años en esta misma feria y en ese mismo stand.

Fueron diez días de correr de un lado a otro ultimando detalles para las presentaciones, beberse todo el vino y volver tarde a casa con hambre, haciendo un gran esfuerzo por encajar la llave en la cerradura y levantarse temprano al día siguiente, con resaca y en un cuarto desconocido. Nada nuevo, las jornadas de la feria son así.

Nuestros libros presentes en el stand "indie"

Pamela Romano en acción

Juan Malebrán 


Bozal Deluxe