Entrevistas Cartoneras: José Luis Durán

Entre la violencia y el miedo apocalíptico: La creación de cuentos  con José Luis Durán


¿Cómo fue el proceso de creación y luego de edición de estos cuentos?
Recuerdo comenzar a escribir ambos cuentos el año 2019, cuando aún vivía en Villa San Antonio y la vida era bastante violenta. Ese tiempo conseguí una bella edición que tenía tres novelas de Willian Hope Hodgson a la que me volví casi adicto, sin pararla de leer ni un segundo y que tendría cierta influencia en los cuentos que escribí esa época. El segundo cuento Así fue el final por acá, iba a consistir en el fatalismo que hay en las villas de La Paz y cómo se expresa esto ante el fin del mundo. Lo trabajé bastante. Dando vueltas y vueltas a varios apuntes que escribía. La primera versión tenía alrededor de 25 páginas, describiendo incluso un pequeño viaje del narrador por un edificio olor a pólvora en donde estaba su amada. Al final, el cuento se acortó bastante, no quería perder el miedo por lo apocalíptico y quedó en el resultado final que presenté al concurso Crispín Portugal.

Con El Suceso la historia fue diferente. Comencé a trabajar en el cuento cuando comencé mi vida profesional como periodista de conflictos, y observar la violencia de las movilizaciones del 2019. Con este cuento no tenía la menor idea de cómo empezarlo y finalizarlo, solo tenía muy claro la proposición central: la explosión de una dinamita en la mano. Trabajé bastante en el personaje, apuntando ideas casi surrealistas para exponer en el texto esa confusión de la violencia y que te pase algo trágico, ese momento de negación. A diferencia de “Así fue el final por acá” que lo trabajé cada año, dejé El Suceso en descanso por muy buen tiempo. Lo retomé después de leer todos los cuentos que trabajé por años y elegirlo para el concurso.

¿Hay algún tema o estilo literario que sientas que te distingue y que exploraste especialmente en estos cuentos?
Sí. Como ya se trabajó bastante en la literatura, en ambos quise explorar la negación a la que las personas se sumergen cuando están en medio de una tragedia o, quizá, del fin de todo. Es un miedo, creo yo, indescriptible que solo lo sentiremos cuando llegue el momento. Tratar de explicar ese miedo y la negación era el sentido de esa exploración. Realmente da bastante miedo.

¿Tuviste un ritual a la hora de escribir estos cuentos?
Lo tuve. Uno de ellos es, creo, de los más usados y comunes, que es el entrar en un estado de apertura, investigar y sumergirte en lecturas similares o que creas que trabajen bien lo que tu intentas trabajar y, sin duda, apartarse un tiempo de las personas, para trabajar aún mejor, al detalle. De la misma manera, leer y releer y releer tanto lo que escribes como lo que te soporta al escribirlo. Releer todo.

¿Cómo se relacionan estos cuentos con tus trabajos anteriores? 
Con trabajos previos, no hay mucha relación. Quizá algo en lo que intento trabajar siempre al momento de componer algún párrafo o desarrollar un personaje es la incomodidad y la derrota. ¿Se acepta la derrota, se busca venganza, duele perder? En un cuento que publiqué en Chile hace bastante igual pretendía este tópico con el narrador, un personaje que lo pierde todo porque las canchas de fútbol son sintéticas y las oficinas son ruidosas. De igual manera, la presencia permanente de la violencia o el silencio que hay ante la violencia; que es ya un común muy bien trabajado en la literatura universal y que sienta bastante bien a cualquier trama.

¿Qué haces cuando no escribes?
Cuando no escribo, estoy con mis responsabilidades laborales, veo en exceso cine y juego bastantes videojuegos. Lo que nunca cambia es mi rutina de lectura, puedo elegir entre una película o pasarme un videojuego, escribir alguna crítica de una cinta para La Razón, pero necesito leer siempre. Lo que llegue, todo. En ese caso, viendo la proporción de mi tiempo, escribo bastante poco, incluyendo ensayos o monografías en ciencias sociales que en realidad es donde más escribo.

¿Cuál es tu relación con tus personajes? ¿Cómo los desarrollas y les das vida?
Creo que los personajes que trabajo tienen una especie de dejadez, flojera. Flojera de hablar, de responder, de tener algún compromiso. Eso no significa que no tengan vida, hay ejemplos excelentes en la literatura de ello. Pero es importante esa determinación, vida contradictoria a su alrededor y a veces el pacifismo ciego de cada personaje. Sobre todo, la de los dos cuentos que postulé al concurso.

¿Hay algún autor o autora que haya tenido una influencia significativa en tu escritura?
Hay bastantes, pero podría nombrar de forma rápida y directa a Saul Bellow, Iván Bunin, Oscar Cerruto, René Bascopé y Tomás Eloy Martínez. Son mis maestros personales a quienes leo con lujo de detalle y tomando bastante tiempo. También están varios cronistas y periodistas como Caparrós, O’brien o Josep Pla.

¿Cómo concilias la escritura con otros aspectos de tu vida diaria?
Lo relacionó como un trabajo o un oficio. Si bien me falta demasiado, como toda profesión es una búsqueda constante por mejorar y trabajar aún más. Pero igual es un soporte adicional para observar la rutina con los detalles más locos y que la misma realidad podría ser más interesante con esos detalles. Es un ejercicio permanente, de apuntes y giros.

¿Cómo ves al movimiento literario juvenil en Bolivia?
Conozco a bastantes escritores jóvenes ya bien metidos en el medio y con publicaciones que tienen una idea muy clara de lo que quieren proponer y un amplio conocimiento, que crece cada vez más, porque es justamente su oficio. Siento que hay mucho interés por la escritura, y por ello hay mucha movida creativa y hasta vanguardista interesante, con tremendo apoyo como el que da José Manuel Villanueva, de quien admiro su trabajo y las publicaciones que soporta. Pero en cuanto más se vaya consagrando como un oficio más irán apareciendo excelentes escritores jóvenes con una dedicación indetenible.

¿Por qué participaste en el concurso de Yerba Mala?
Tengo muchos escritos que voy trabajando constantemente. Siempre quise postularlos a un concurso y ponerlos a prueba. Además, siempre seguí y compré libros de Yerba Mala, me parece excelente el trabajo que hacen. Cuando vi la convocatoria y el jurado tremendo que armaron, dije que era una muy buena oportunidad para presentar justamente textos que trabajé desde hace bastante. Quedé feliz de haber salido entre los ganadores.

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