Reseñas YMC. Una hábil demostración de equilibrio entre Técnica y Tema.



por: Fabian Aruquipa

Esta reseña se divide en dos secciones: un comentario general sobre la colección completa —desde la obra ganadora hasta las menciones de honor— y un análisis específico de los cuentos de la autora ganadora. A su vez, ambas secciones se subdividen en dos áreas principales de análisis: la técnica y el oficio (el uso del lenguaje para construir la prosa) y la temática (qué temas, en qué escenarios, con qué tensiones y resoluciones, y cómo la técnica y el tema se articulan entre sí).

La colección es envolvente, variada en técnicas y temas, y logra un equilibrio perfecto entre tema, personaje, tensión y los recursos narrativos que proporcionan de estructura y vivacidad a los relatos.

Los temas resultan próximos, pero incómodos a la vez; realidades que en algunos casos no son las nuestras, pero que continúan siendo terrible y escalofriantemente reconocibles. Los cuentos de la ganadora, Dalena Calani, son la puerta perfecta para una colección cautivadora y representativa de las voces y técnicas contemporáneas en la prosa.


Comentario general

La colección se distingue por su variedad: multiplicidad de estilos, de técnicas y de temas. Cada uno de los cuentos merecería un análisis en profundidad, pues cada uno despliega un conjunto de recursos literarios que tejen una realidad particular y envolvente, en la que el lector se sumerge para ser finalmente aniquilado por construcciones cortantes y desconcertantes que potencian las transiciones y los finales de los relatos. Esto ya es una virtud de la colección: nos lleva por un recorrido de recursos y procedimientos propios de la buena prosa, esos que manejan tanto los grandes como los pequeños, y que aquí aparecen con actualidad y destreza, como ser el uso de múltiples tipos de narrador, escogidos además para funcionar con un tema, un personaje o una realidad creada por el autor. Encontramos al narrador omnisciente, pero también variaciones interesantes como el narrador en modo instrucción, el diario personal, el monólogo interior, el diálogo y sus combinaciones. Como se ha dicho, estas variaciones están cuidadosamente elegidas para servir al tema, al personaje y a la historia y tensión que se tejen. El diálogo resulta un canal ideal para transmitir la tensión familiar, como se ve en varios relatos. Las entradas de diario crean una sensación de carácter y personalidad en voces estresadas y determinadas a la vez, que se están jugando sus últimas cartas, y permite que el principio de mostrar, no decir funcione a plenitud, ya que el lector tiene que ir tejiendo las piezas por sí mismo. Pero los cuentos que recurren a formas más tradicionales —como el narrador omnisciente— también están perfectamente construidos y concentran su lenguaje en la superficie exacta como para permitir que el lector construya el resto en una segunda o tercera lectura, ya que el lenguaje está tan bien escogido que no se limita a revelar o contar, sino que crea oleadas de acontecimiento y personaje y presión que el lector debe ir armando hasta el fatal desenlace. Este uso del narrador se ve potenciado por dos cualidades que comparten todos los relatos y que son propias de la buena prosa: inicios envolventes y finales contundentes. Todos los cuentos empiezan y terminan con un trueno; un trueno que inicia, que da paso a la construcción de la realidad, el personaje, la tensión y la prosa a través de los recursos mencionados, y que culmina en otro trueno. La buena prosa está en el cuerpo, en el trabajo del lenguaje, pero se hace efectiva en la apertura y el cierre mediante oraciones iniciales envolventes y frases finales inexorables. El lenguaje es cercano, funcional a los personajes y a las realidades tejidas; el lector no siente desconexión alguna, sino que, al estar el lenguaje tan bien ajustado al personaje, al tiempo y a la realidad —incluso en los relatos con matices de ciencia ficción— es arrastrado con mayor fuerza a la vivacidad de la historia creada con maestría, y es ejecutado con cada final, sintiéndose obligado a releer, a pasar al siguiente relato, a descubrir. En otras palabras, todos los recursos técnicos garantizan una colección de prosa corta efectiva y cautivadora.

En cuanto a los temas, son tan variados como las técnicas y los enfoques narrativos, pero también son cercanos, presentes y palpables, incluso en los relatos de realidades ajenas a la nuestra. La soledad, el existencialismo, el fatalismo ordenado, el destino ineludible, las relaciones tensionadas —familiares, de pareja, sociales— y, en algunos relatos, realidades que parecen otras, pero cuyo horror reside en lo cercano del tema. Los cuentos abordan los temas, crean una realidad, arrastran al lector y lo aniquilan al final. El equilibrio entre tema, estructura y técnica es notable en la colección; notable y eficaz. Los conflictos, los personajes, la estructura elegida para transmitir un acontecimiento particular y el ritmo claro convierten la colección en una lectura perfecta, rápida y de gran altura técnica.

La brevedad y la concisión son grandes virtudes de la colección: no hay una palabra de más, ni una de menos.


Sobre los cuentos de la ganadora

Los cuentos ganadores, como se ha mencionado arriba, encapsulan las cualidades presentes en toda la colección. Granizo y Máquina Sublime son interesantes contrastes entre sí, tanto en tema como en técnica. Granizo está narrado en primera persona, con cierta certeza sobre el personaje, pero un final incierto, y una gran dosis de incertidumbre a pesar de la naturaleza determinada de la protagonista. El uso de la estructura de diario funciona perfectamente con el personaje y la narración, y sirve bien a la historia. Los subtemas de Granizo relacionados con la tecnología y la nostalgia añaden otra capa de complejidad al relato.

Por otro lado, Máquina Sublime está narrado en un estilo instructivo, casi como un manual, que recuerda a algunos relatos clásicos de ciencia ficción en los que el final o la tragedia están predestinados, pero que resultan desconcertantes y se presentan en espiral ante el lector, que no puede evitar caer en el manual para la tragedia final, la violencia y la premonición. ¿Y qué si recibiera una comunicación de este tipo? ¿Y si tratase sobre sobre un evento pasado que ya no puede cambiarse? Estas son solo algunas de las preguntas que suscitan los relatos, además de nuestra conexión con la tecnología y el sexo como ritual de amor y daño al mismo tiempo. Estos dos cuentos abren la colección, a la que siguen mutiladores héroes-brutos, madres e hijos, parejas ahogadas en la rutina ciega, el horror de la distorsión de la memoria en el daño cerebral y el amor a quien la padece (una suerte de The Notebook trastocado, una historia de amor real sobre los desafíos de la memoria en la disfunción cerebral). Todos ellos son relatos que siguen a estos dos grandes cuentos de Dalena Calani que abren la colección.

Felicitaciones a los autores por este despliegue de destreza técnica y sensibilidad temática, y al jurado por ofrecer a los lectores buena prosa en tiempos en los que abunda la mala.

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