Reseñas YMC. Un cúmulo de ficciones en saltos



 Por Serena Vargas


Un salto de circunstancias como un cuerpo de cuento en cuento que explora la necesidad de vivir disfrazada en intentos de suicidio, drama, abandono, relaciones de convivencia y cuidado complejas. Necesidad de salir de bucles cotidianos, intensidades de tiempos pasados en objetos, perros, héroes animalescos que salvan al mundo desde su rareza, o la necesidad de entrar en paralelismos opuestos a la vida misma para revolver a la magia de algo tan simple y poético como cuatro panes… y así saltar de ficción en ficción una y otra vez.

 

Hace unas semanas leí la antología de los ganadores del III Concurso de Cuento «Crispín Portugal», organizado por la Yerba Mala Cartonera. Si bien me considero una lectora lenta, es porque me gusta tomar tiempo para disfrutar del trazado de palabras, imágenes y sensaciones en un texto y cómo estas tienen la potencia de llevarte a lugares, sensaciones dialécticas, paradojas o percepciones de una realidad que puede volverse alterna o paralela a la tuya, considerando a estos paralelismos como la magia que ejerce un libro en las manos. De esta forma, al comenzar a leer la propuesta de Daniela Calani, es remarcable la potencia de la primera línea: «Otro día sin sol», una metáfora bastante atractiva y poéticamente visual en Granizo, donde nos narra un tedio y la monotonía de una vida sumergida en expectativas sociales casi estructurales como sacadas de un guion algorítmico a las que el cuerpo se predispone, pero del cual buscamos salidas desde algo bastante particular. Calani usa en este cuento la espera, pero no como esa espera de la llegada predecible de un amor romántico, de un otro que te va a traer un sentido a la vida, sino a ese algo mágico que sucede en la vida, un encuentro, una llamada o una relación compleja (destinada a fracasar o no), algo que rompa con la odiosa y aburrida simetría de la monotonía y  te haga encontrar esos matices que necesitan los tediosos días grises, para hallar en esos mismos el impulso que tiene el cuerpo para seguir viviendo. Por otro lado, al seguir con Máquina Sublime pasamos de una atmósfera completamente grisácea a un relato con una visualidad en rojo, lo suficientemente seductora como fatalista, los encuentros imaginarios, pero casi predecibles desde la intensidad del contacto entre dos, la forma en la que la miran, se perciben y las intenciones casi animalescas o bestiarias que tienen al compartir la intimidad, a lo que me deja la pregunta: ¿Está la intimidad en el cuerpo o en las intenciones de la mente?


Siguiendo la lectura, Miguel del Carpio da un salto deleitándonos con una propuesta de conversación que acerca la monotonía de la vida compartida, de su tiempo y peso, de estar atrapado en un bucle cotidiano y esos impulsos tímidos e íntimos para saltar (o salir) de un bucle infinito, con esta misma lógica de la fuerza de lo cotidiano, Del Carpio nos muestra en Vajilla una escena pintoresca de una relación de cuidado mutuo, sumida en las tensiones y en detalles domésticos, contada desde la primera persona, pero con una tensión que se acumula en años de una vida compartida y los intentos de ambos personajes para saltar de un bucle  de vida. El autor nos narra los cuentos desde una primera persona para adentrarnos de forma honesta al lugar de sus personajes y tensiones. Desde este punto, Nathan Leaño nos invita a dar un brinco completamente opuesto en Un pretencioso siglo XXV. Lejos de ser un cuento de ciencia ficción, nos atrapa con postales visuales acerca del fracaso entendido como el impulso que tiene el cuerpo de mantenerse con vida. Si bien se habla de suicidio, tenemos un personaje que nos presenta sus intentos fallidos y al azar como ese impulso que tiene el cuerpo para mantenerse con vida, esto con un realismo casi futurista, pero teñido con algo de humor e ironía en segunda persona. Asimismo, en Mordelón el autor nos relata también en segunda persona la rareza de un ser de otro mundo o de un interespecie, una suerte de héroe imperfecto, asimilado como un casi villano por su estado animal casi salvaje, en un pueblo donde su presencia se toma con un suspenso inquisidor, Leaño nos hace conocer a un ajusticiador que libera de la maldad al mundo desde sus impulsos animales.


Si bien a este punto de la antología se cree que las intensidades han ido al límite, Fabricio Lobatón nos trae Viejo Perro, un cuento que se desliza desde lo hiperrealista y poético, narrado con la visualidad de escenas familiares en crisis, tensiones generacionales, abandonos, rabia, toda una vida en tiempos pasados, pero que se sobreentienden en las sensaciones del cuerpo y los objetos del lugar dejando un peso conceptual en la interrelación de lo doméstico, la vida misma y el cuerpo animal. Debo decir que me encantan los textos que conllevan rarezas o me invitan a destramar lo dicho entre líneas. Dos Mil te trae realismo puro casi contado en doble pantalla, no solo porque jugamos con la visualidad de videojuego, sino porque te transporta a la cotidianidad de quienes se adentran a un universo completamente distinto al propio para encontrar paralelismos en su universo, a la dureza de una vida casi en ruinas donde tanto la madre como el hijo viven el ahora desde una condición casi estoica, pero debo decir que lo más interesante de esta propuesta fue el giro realista que va más allá de la fatalidad, un giro en la historia a través de algo tan simple, pero cargado de tanto afecto y poesía como cuatro panes para mirarse entre sí y seguir viviendo los días.

Comentarios

Entradas populares