Reseñas YMC. El tránsito por el valle profundo

 Por: Alan Miguel Santos Isnado 

 

El concepto uncanny valley —valle profundo— de Masahiro Mori permite ilustrar el leitmotiv de las obras que componen el libro que germina del III Concurso de cuento «Crispín Portugal», publicado en 2026 por Editorial Yerba Mala Cartonera.

 

   Cimiento Gestalt, el objeto de estudio invita a experimentar la totalidad a través de sus partes. El cordón umbilical de la inquietud conecta las lecturas. ¿Qué preguntas no nos atrevemos a formular? Son las mismas que, quizás, no nos atreveríamos a responder.

 

    Uncanny valley, el pico subterráneo que incomoda por la similitud con lo ajeno antinatural. Suicidio, muerte en vida, el dolor de existir. Qué nos dice la ficción sobre nuestro paso por este plano. La maniquea aspiración del falso verdadero enmascara los matices que esconde el alma ávida de respuestas cuando el acto de iniciar el día se ha convertido en un hecho heroico, como lo es el de cruzar el cordón de seguridad que separa el deseo del verbo.

 

    Ficcionalizar temas como la depresión y la ansiedad requiere —se sobreentiende— haber transitado estos estados o estar en tránsito de. Se comprende, de este modo, al deseo de no querer existir como una forma de existir. El qi del asunto brota del remordimiento involuntario de un porqué sin propósito.

 

    Cuando el miedo de ver nuestro rictus en otro rostro nos paraliza, cuando el tiempo duele, cuando no amanece a pesar del cenit. El caldo de neurotransmisores espera en la mesa del condenado a la última cena que no llega; la que se teme y se anhela con asco compulsivo.

 

    El gusto por la vida es un gusto adquirido; tan cierto esto es como afirmar que no se puede hacer el amor sin amar. Calani, Carpio, Leaño y Lobatón no dan recetas. A cada preparación su justa medida de dopamina, noradrenalina, cortisol o quién sabe qué otro yuyo.


    Vida: un levantamuertos a manera de salsa que permite pasar sin arcadas la carne de un zombi, las mentiras de quien se amó, el pan duro que en un día bien vivido puede saber a gloria o una morcilla de aceite de androide.


    ¿No es eso, acaso, existir? Saber que hemos despertado. Un día más en tránsito por el valle profundo; acompañados por una multitud solitaria, también. Con la certeza imborrable de que nuestro destino último será fundirnos con la materia onírica de la que venimos.

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