Síndrome de resignación (Vol.1)

Cuando creímos que todo estaba perdido, a punto morir en la resignación, nos llega esta dosis para sobrellevar estos días, no podemos hacer más que compartirla y rogar que se repita.


"Mediante la presente solicitamos a su editorial dar difusión a este contenido elaborado por niños albinos filipinos escapados del sótano de una fábrica de jeans. Gracias anticipadas".



Índice
  • Reseña: “Los años invisibles” Rodrigo Hasbún
  • Filosofía Sexy
  • Canción recomendada: Say-Eyed Lady of the Lowlands - Bob Dylan
  • Challenge: ¿Qué pared de la casa puedo cabecear?
  • Tips de belleza para la cuarentena

Sobre “Los años invisibles”

La autoficción está de moda, escritores y artistas de distintas disciplinas parten de sus propias vidas o toman pedazos de ellas para escribir sus obras. Si bien es imposible que un autor no parta de un uno mismo y su experiencia para crear, hay obras más juguetonas.

En “Los años invisibles” un escritor boliviano, más propiamente cochabambino que vive en Houston con su esposa, recibe la visita de una antigua compañera del colegio con quien no ha tenido contacto en años. Solo hasta ahí y con la lectura de los datos biográficos de la contratapa basta para notar las similitudes con la vida del autor.

La historia se desarrolla como un origami que se desarma buscando la hoja llana después de haberla plegado mil veces, aunque las marcas en el papel son imborrables, dan cuenta de los dobleces hechos. Los lugares existen, las personas quizás, los hechos tal vez. Aparece la plaza Colón con su fuente de agua, un grupo de adolescentes de un colegio para hijos de familias adineradas. Casas lujosas, piscinas, padres ausentes. Todo identificable, excepto la historia.

Tal como lo hizo su par cineasta en “Eugenia” las referencias a personas cercanas son numerosas. En el libro, parece a simple vista que el juego es adivinar qué personaje representa tal o cual amigo del Hasbún real. Este es un juego aburrido y más apropiado para azuzar la chismosa y constreñida clase alta cochabambina, tan proclive al chisme y a las páginas de sociales que a una propuesta literaria

Pero Hasbún ya ha dado muestra de su talento antes, entonces: ¿qué está haciendo en “Los años invisibles”?,¿es verdad lo que cuenta?¿qué nos quiere hacer creer? y ¿para qué?.

Será el autor quien dé explicaciones precisas, sin embargo la lectura por sí sola da algunas luces. Desde el inicio es un libro honesto y nos invita a un juego de pretender, como juegan los niños a ser perros o soldados. No nos da ninguna certeza y nos seduce con la cercanía a una realidad suya. Leer “Los años invisibles” es aceptar ese juego y rendirse a la ficción, creer en lo que se narra no ya porque sea verdad o no, sino porque parece serlo. Con la verdad por delante el libro entra en la ficción igual que los niños juegan a que son huérfanos cuando temen la muerte de sus padres.

Al final no importa si es verdad o no, sino saberse parte de ese juego, disfrutar la dinámica de la ficción, solazarse en la tirria que provocará esta novela en las los tés “rummy” y sobre todo sumergirse en el encanto por la mentira que podría no serlo.


Filosofía sexy

En el juego de mesa “Jogo da vida” de la línea Estrella, una de las peores cosas que te podía pasar era caer en la casilla del filósofo. Eso implicaba perderte en la selva y filosofar. Ni tener mellizos que conllevaba ciertos bonos y dos pinitos de color en el autito de plástico que te llevaba por el tablero era tan malo. Caer en la casilla del filósofo era perder al menos dos turnos, postergar tu matrimonio, adquisición de bienes, hijos y mascota. Eso en los noventas, ahora sin embargo ese panorama, perderse en la selva y pensar, está lejos de ser un castigo, además la filosofía no podía haberse puesto más sexy en nuestros días.

Los divulgadores filosóficos, con frecuencia guapos y graciosos, se sumergen en las profundidades de las obras de los pensadores más complejos y sacan de allí, frescos y brillantes, los frutos de años de discusiones, peleas y teorizaciones. Para lograrlo hacen videos, animaciones, podcasts, programas de radio y un montón de otras estrategias para seducir a un público más amplio e invitarnos a navegar con ellos en las aguas de la filosofía, compartir  así el placer de pensar. Un gusto humano que parece tan dejado de lado en nuestros días.

Muchos filósofos, muertos y vivos, siguen siendo arrogantes pero a través de la pantalla toleramos su vanidad y con la mediación de los divulgadores logramos acercarnos a ellos.
En esta sección te invitamos a que la filosofía te erice la piel. Ojo que como toda actividad seductora te direcciona tanto al placer como a la angustia.

Si te sientes optimista y crees que todo esto pasará comienza por esta charla del filósofo y divulgador Darío Sztajnszajber: aquí 17 minutos que te enviarán directo a la más profunda angustia existencial.


Si tienes ganas de ayudar a las personas y tu espíritu solidario está a tope, te presentamos a Max Stirner un filósofo olvidado pero más actual que nunca: aquí  una invitación al anarquismo individualista.

Canción recomendada: Sad-eyed lady of the lowlands - Bob Dylan.

Ocupando todo el lado B del segundo disco de Blonde on Blonde está la canción que nos concierne hoy. Hipnótica y circular, ideal para cuando no puedes más con el tedio. La televisión pasa películas de pandemia y los noticieros hacen videos para tik tok en lugar de informar. Ahí, en ese momento, apaga todo, hazte un ovillo en la cama y deja que Bob canté  “With your mercury mouth, in the missionary times” con los músicos sesionistas de Nashville secundándolo a paso lento, como si después de toda la adrenalina y psicodelia no quedara nada más que dejarse ir, resignado y perdido; incapaz de cerrar los ojos pero imposibilitado de mover un dedo. 

En algún momento de la canción Dylan canta “Who among them do you think could destroy you?” A este paso, todos.

Escuchala aquí.


Challenge: ¿Qué pared de la casa es la ideal?

En los últimos días un nuevo challenge ha tomado características virales en la población tuitera, instagramera, facebookera, tiktokera, snapchatera y tinderera; el reto es muy simple, pero requiere un paso previo: golpea suavemente las paredes de tu casa, buscando la más dura (ojo, evitar las huecas). Una vez identificado el lugar preciso, enciende la cámara y comparte con tus amigos lo siguiente:  empieza a darle de cabezazos a la pared seleccionada hasta quedar con hematomas, desangrado o inconsciente. Todo vale. Los videos compartiendo esta tendencia no se ha hecho esperar, desde artistas de la farándula a influencers emergentes. ¿Qué estás esperando para cabecear tu pared favorita?


Tips de belleza para la cuarentena

Porque la moda y el glamour no pueden ser detenidos por una gripecita. Te damos consejos para que no pierdas la elegancia que hay en ti. Eso sí, asegurate de usar productos orgánicos porque no queremos que las ballenas, pandas o dodos se extingan (?) 

Ama tu piel, hidrátala con una capa de limón, el más ácido que encuentres y aplicalo en los ojos o cualquier herida. Si empiezas a dar alaridos es que los estás haciendo bien.

Para manos resecas, después de aplaudir a tu personal médico o militar, encuentras que la piel ha quedado marchita. Mezcla un humectante con una pizca de mostaza y mayonesa, no te sentirás bello ni humectado; pero tu gato te lo agradecerá e intentará morderte cuando estés durmiendo.
Para las cejas, siempre tenemos el problema de encontrar el tono adecuado para las mismas, te proponemos agarrar una máquina de afeitar y rasurartelos ¡al ras! ¡Sí! De esa forma eliminas el problema de pensar en nimiedades y además toma en cuenta que no saldrás a la vida pública en cuatro o cinco meses.

Bendiciones.

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