Solo teníamos para ofrecer sopaipillas con mostaza. Crónica a tres manos
Por: Iris, Eva y Jazz
La imposibilidad de encontrar nuevos espacios para realizar talleres me instó a contactarme con Roberto Bustamante, un amigo que conocí en Iquique hace ya varios años. Le pregunté si podía ayudarme a realizar un taller de fotografía y escritura. Me dijo que sí y que le mandara la descripción.
Con el tiempo, la idea fue mutando. Contacté con otra amiga, Jazmine, quien colabora con Yerba Mala Cartonera en Cochabamba. Juntas pensamos en la realización de una pequeña feria y una lectura.
Ya teníamos una fecha programada, pero sucedió lo inesperado. Bolivia entró en una crisis alimentaria y vial: las carreteras se cerraron por la falta de diésel y conseguir los alimentos básicos, cuyos precios estaban inflados, se volvió cada vez más difícil. Esto hizo que nuestro viaje se retrasara casi dos meses.
A principios de julio, Roberto nos mandó las fechas actualizadas: 31 de julio, 1 y 2 de agosto. Para ese momento, Roberto tenía una programación de dos días que incluía una feria de editoriales, en la que iban a participar varias editoriales del bloque norte, además de otras de La Paz y Cochabamba.
Antes del viaje, contactamos con otras editoriales de La Paz y Cochabamba para el envío de libros. No llevamos mucho, puesto que no sabíamos cuál sería la reacción del público iquiqueño.
Días antes del viaje, se sumaron a nuestra comitiva boliviana dos nuevas propuestas artísticas. Eva, actriz y dramaturga del elenco Teatro Azul, participaría con una adaptación de la pieza teatral chilena Isabel desterrada en Isabel. Por su parte, Jazmine se animó a presentar una improvisación de danza contemporánea de cinco minutos, al ritmo de la canción Intiu Khana, del Grupo Aymara. Con estas incorporaciones, nuestras propuestas artísticas estaban listas para presentarse en la feria y la organización del viaje ya estaba en marcha.
Hasta que llegó el día del viaje. Quedamos con Jazmine y Eva en encontrarnos en la ciudad de Oruro para continuar el viaje juntas. El paso por la frontera fue estresante y tedioso, pero entre charlas logramos reducir el tiempo de aburrimiento en la fila.
Una vez en la zona de rayos X, abrieron las maletas y comenzaron las preguntas. Entre los libros cartoneros y artesanales, las fotografías, revistas y fanzines, los aduaneros preguntaron extrañamente dos veces por el fanzine, pues no sabían qué era. Jazmine hizo una explicación y yo otra. Sin embargo, el aduanero que me tocó era bastante altanero, así que me hizo abrir todos los paquetes y, al no encontrar nada, se molestó. Finalmente, logramos pasar contentas y celebramos con algunos shots de whisky.
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Llegamos a un Iquique de ambiente festivo, pues nos enteramos de que recientemente se había celebrado la Fiesta de La Tirana y que, en pocos días, también se celebraría la fiesta de San Lorenzo, la fiesta popular más importante del norte chileno. Nada nos pareció más genial, pues nos alojábamos justamente en un barrio obrero muy devoto a este santo. Ya desde ese momento, todo empezaba a sonar a la cadencia y ritmo de caporales, diabladas y cumbias de las bandas de bronce iquiqueñas, mientras practicaban por las noches estas melodías bastante conocidas para nuestros oídos. Nos sentíamos como en casa.
En la inauguración de la feria, La Master Band de Iquique nos recibió con su repertorio festivo, a manera de inauguración: bailamos, cantamos y, cómo no, como buenas latinoamericanas, una vez finalizado su repertorio, voceamos que tocaran una “cumbia más” como yapa, como se dice en quechua, o lo que en los recitales se suele decir: “¡Una más y no jodemos más!”.
La I Feria Chileno-Boliviana se inauguraba en la Casa Municipal de Cultura Iquique, en pleno paseo Baquedano, y daba paso a una lista completísima de charlas, presentaciones de libros, conversatorios, talleres, teatro, danza, música y cine durante dos días.
Desde nuestra experiencia, solo fuimos tres bolivianas más: una poeta, una bailarina y una actriz. Nos fuimos cargadas de libros, vestuario y utilería: libros de Yerba Mala Cartonera, Sietemesinos, Nuevos Clásicos, además de otras editoriales independientes que la luchan cada día en este tan necesario oficio que es el de escribir. Un aguayo y un par de telas serigrafiadas que decían “SIN AGUA NO HAY CHICHA” o “EL AGUA ES VIDA” distinguían nuestra mesa de exposición con literatura boliviana.----
El primer día nos dedicamos a organizar y tener listo nuestro sector y, claro, a conocer a todos los escritores y poetas chilenos que fueran parte del evento. Mucha gente llegó a la feria y, como debe de ser, con paciencia recorrió cada stand. Miraban con detenimiento cada libro que les interesaba para, finalmente, tomar la decisión más importante: ¿cuántos libros elegir?
Entre las actividades principales de la feria se encontraba la lectura de poesía Chile-Bolivia, en la cual nos fue grato escuchar y apreciar el trabajo poético de las bolivianas Iris Kiya y Jazmine Ortiz. Como contraparte chilena, participaron los poetas Marcela Solo de Zaldívar, Simón Villalobos, Marcia Segura, Juvenal Ayala, Jaime Ceballos, Giannina Espínola, Carolina Gonzales y la nueva y flamante voz iquiqueña, publicada por Sismo Editorial, Iván Scopinich.
Este encuentro, según comentaban los locales, fue un éxito, pues la asistencia fue masiva, como no se ve muy repetidas veces en el mítico bar El Curupucho. La sorpresa también fue nuestra, puesto que en Bolivia la situación es la misma, y eso siendo optimistas.
Nuestra asistencia como feriantes bolivianas, nuestra sencilla propuesta y el ánimo aventurero que nos llevó hasta Iquique para participar y ser testigos del nacimiento de la I Feria Chileno-Boliviana nos deja más que satisfechas con respecto a todo lo sucedido, pues se mostró notoria la búsqueda de puentes literarios entre ambos países.
Como nos recordaba nuestro buen amigo Roberto Bustamante, la literatura transfronteriza se hace evidente al existir puntos en común que hacen que las perspectivas de los escritores y editoriales de ambos países confluyan de una u otra forma, de una manera tan única que esta primera feria nos anima a proyectarnos en busca de una segunda, con la participación de más editoriales amigas de ambos países. Nos deja pensando en encontrar una manera de distribuir, difundir y cooperar mutuamente a largo plazo para lograr este fin.
El recibimiento y la calidez de la gente —ahora amigos— que asistieron a la feria fue, sin duda, un abrazo hermano, un descanso entre todo lo que implicaba el viaje autogestionado y cruzar el invento llamado frontera desde diferentes departamentos de Bolivia hasta Iquique.
Las noches de interminables charlas y risas, hablando de libros, festivales, música y anécdotas, mientras probábamos excelentes vinos chilenos y, cómo no, uno que otro sorbo de singani boliviano, fueron algunos de los momentos que más atesoramos. Entre brindis y conversaciones se fueron tejiendo entrañables amistades entre editoriales y escritores, haciendo de esta experiencia una de las más memorables de nuestra colección de viajes y ferias.
Muy humildemente confesamos que no esperábamos que la sencillez de la propuesta —algo así como una sopaipilla con mostaza en medio de la calle, así, sin muchas pretensiones, una expresión de lo cotidiano y sencillo, medio punk, medio rock, medio cumbia chicha— y el ánimo de aventura por conocer un poco más de la movida literaria iquiqueña se convirtieran en un programa tan interesante y completo gracias a la gestión de Editorial Navaja, promotora e impulsora principal de tan hermosos días de feria, charlas, guía turística y alojamiento.
Nos despedimos modificando la letra del icónico tema de la banda Sinergia, elogiando su delicada lírica y expresión gastronómica chilena, que se queda en nuestra memoria:
¡Solo tenemos para ofrecer sopaipilla con mostaza!
¡Sopaipilla con mostaza y singani!
Hasta que nos volvamos a encontrar, o como se diría en quechua: tinkunakama.
Agradecimientos especiales a Editorial Navaja, La Mutual y la Casa Municipal de Cultura de Iquique por confiar y abrirnos sus puertas a tan maravillosa feria. ¡Qué se repita!
Así concluimos nuestra participación en la 1.ª Feria del Libro Chileno-Boliviana —Iquique 2026—.
Bonus Track
Saludamos a nuestro amigo metalero, Jonathan Guillen.
A quien nos invitó las sopaipillas con mostaza, Juan José Podestá.
Al que llegó tarde al asado, pero llegó: Rodrigo, de Ala Negra Ediciones.
A las tres gatas: Tóxica, Selma y Paty.
A nuestro vendedor estrella, Rodrigo Bañados.
A nuestro DJ de punk chileno, Roberto Bustamante.
A Cuchi, por alegrarnos los momentos silenciosos de feria.
A la chelada, la michelada y la empanada de jaiba.



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