Entrevistas cartoneras: Dalena Calani

Dos relatos, un mismo pulso

La intensidad como eje en la escritura de Dalena Calani,
ganadora del III Premio «Crispín Portugal»




¿En qué momento te encuentra ganar el Premio «Crispín Portugal»?
El premio me encuentra en una etapa de cambio. Pasar de la intensidad de los veintes a los golpes de realidad que traen los treintas está siendo un poco traumático; situaciones como ganar el premio me ayudan a descifrar una ruta existencial que no había contemplado.

¿Hay algún autor o autora que haya influido de forma significativa en tu escritura?
Creo que todos los autores que he leído me han, de alguna manera, influenciado; sobre todo en entender que la literatura acoge cientos de formas y posibilidades. Específicamente, para estos cuentos me sedujo la producción cuentística de Clarice Lispector. También releí El pozo al momento de escribir Granizo, porque pienso que algunas depresiones se sienten como cavar un pozo hasta la asfixia y la desesperación.

Tus dos textos trabajan registros muy distintos: uno íntimo y directo, otro más conceptual y oscuro. ¿Cómo conviven esas dos formas en tu escritura?
Siento que no conviven registros o formatos determinados: cada pieza es producto de impulsos o estados anímicos muy fuertes que suceden en mi cotidiano y que intento llevarlos al extremo en la escritura. Es la única manera en que me sueltan un poco.

En Granizo hay una voz muy frontal, casi sin filtros. ¿Esa transparencia fue una búsqueda o apareció de manera natural?
De manera natural. Quería transmitir el diálogo interno de una persona en pleno brote de depresión y no encontré mejor manera que hacerlo desde un registro privado: un diario.

En Máquina sublime trabajas con distancia, segunda persona y un dispositivo casi técnico. ¿Por qué elegiste ese enfoque?
Escribí ese cuento hace un par de años como un regalo de aniversario; entonces quería que fuera un mecanismo de memoria en formato de ciencia ficción. Una experiencia placentera e íntima que pueda ser repetida para vivirse intensamente una y otra vez en determinada fecha.

¿Qué temas sientes que atraviesan ambos textos?
Los más obvios serían la depresión en Granizo y la suplantación del ser amado en Máquina sublime, y hay subtemas más ricos de sentir, como la esperanza o la inagotable necesidad del otro.

¿Qué lugar tiene para ti la incomodidad en la experiencia del lector?
Es central en lo que quiero transmitir. Sobre todo porque pienso que cada experiencia llevada hasta sus últimas consecuencias está acompañada por una constante sensación de incomodidad, la cual comparto profundamente.

¿Qué te motivó a enviar estos textos al Premio «Crispín Portugal»?
Salir de la timidez. Me divierte escribir, pero siempre he sido muy tímida con mi producción. Creo que es difícil para una saber si lo que hace es bueno o malo. Entonces pensé que una oportunidad como esta sería un buen medidor para considerar la publicación de lo que fui escribiendo estos años.

Ahora que van a publicarse, ¿Qué te interesa del trabajo con una editorial como Yerba Mala Cartonera?
Me interesa el soporte y la plataforma que maneja Yerba Mala Cartonera. En mis años como investigadora en literatura boliviana, encontré a autores publicados únicamente por esta editorial, como Carlos Maceda. Entonces, para mí, ser parte del catálogo es un honor. Me otorga un espacio para ser encontrada como yo lo hice cuando buscaba a otros autores.

¿Cómo ves el movimiento literario juvenil en Bolivia?
Con una respetuosa distancia. Como observadora, creo que hay nuevas voces y propuestas, pero de manera muy esporádica y desarticulada. Agradezco que premios como éste u otros que se dan en el país ayuden a articular y visibilizar estas voces.

¿Cómo te gustaría que el lector reciba tus textos?
Me importa que el lector capte los motivos personales; mas defiendo su libertad de recibirlos como le plazca. Por mi parte, quedo agradecida con todos quienes me den un poco de su tiempo para acompañarme en esta perpetua incomodidad.

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