miércoles, junio 21, 2006

Yerba Mala Cartonera, para que la literatura nunca muera

“Se llama así porque nuestra intención es rescatar los escritos marginales, los buenos escritos que no se acabarán por más que quieran extirparlos”

Era abril, pero del año pasado. Caminando por una casi vacía calle de mediodía en Almagro, barrio residencial de Buenos Aires, por fin dimos con la Editorial Eloisa Cartonero, donde no pudimos encontrar a Washington Curcuto, su director, pero sí a un par de funcionarios y trabajadores del taller artesanal donde se empastaban decenas de libros diarios.

Literatura para todos, literatura para leer en las imposibles calles de La Paz y aguantar las trancaderas y las marchas: libros hechos a mano por niños alteños, ésa es la propuesta ahora en nuestro medio de Yerba Mala Cartonera, una nueva editorial que, emulando similares propuestas de Argentina y Perú, se aventura en el siempre difícil mercado para libros en Bolivia.

La idea es conseguir que un escritor ceda gratuitamente los derechos de un texto relativamente breve, ya sea en cuento, poesía y, por qué no, novela, y encuadernar policopiados con un forro de cartones reciclados.Los cinco primeros libros: El bolero triunfal de Sara, de Juan Pablo Piñeiro; Khari Khari, de Darío Manuel Luna; De una vida, por una vida, hasta una vida, de Érika Loayza; Plenilunio, de Gabriel Pantoja, y Almha, la vengadora, de Crispín Portugal, ya están a la venta en coquetas presentaciones que tienen una peculiaridad, ninguno de los 50 ejemplares por título es igual a otro; cada uno responde al diseño e inspiración de su creador, un niño alteño o de la hoyada.
El proyecto lo llevan adelante Roberto Cáceres, Crispín Portugal y Darío Luna, cuentan que la idea nació en las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana (JALLA) que en 2003 se efectuaron en La Paz, y donde Jaime Vargas Luna, editor de Sarita Cartonera de Lima, les habló del proyecto, insistiendo en la necesidad de ampliar el alcance en otras capitales sudamericanas.
“En total somos ocho trabajando, y hay cuatro o cinco niños que laburan de forma permanente encuadernando los libros”, señala Cáceres. Los niños recogen cartones por toda la ciudad y rescatan las mejores partes para las tapas de los libros. Cada uno recibe 50 centavos por ejemplar armado y si van al taller (en un domicilio de Villa Adela) se les da 2 bolivianos para su pasaje; de lo contrario, trabajan en su casa.Los cinco títulos se venderán en las librerías que quieran asociarse al proyecto —que no tiene fines de lucro— y en los puestos de periódicos. Con 5 bolivianos, el lector aporta a una buena causa, y además tiene la opción de acercarse a las nuevas tendencias de nuestra narrativa, aunque Yerba Mala Cartonera tiene ya apalabrados a connotados escritores que gustosos cederán sus proyectos para los siguientes libros.“Adolfo Cárdenas y Jesús Urzagasti ya están apalabrados; se entusiasmaron con la idea, dice Portugal. “Roberto Echazú también aceptará”, agrega.

Nota realizada por Fondo Negro, periódico La Prensa.