martes, abril 28, 2009

Literatura humilde, pero rebelde

(Nota en El Telégrafo, Guayaquil, 28 de Abril de 2009)

En toda América Latina surgen las cartoneras, editoriales que trabajan con material reciclado.

ILUSTRACIÓN: KLÉBER FLORES / El Telégrafo
Hace pocos meses, el joven poeta chileno Héctor Hernández Montecinos decidió radicarse en México D.F., y, junto con el escritor mexicano Yaxkin Melchy, iniciar un proyecto editorial, sociocultural, poético, titulado Santa Muerte Cartonera. Su declaración de principios, formulada en el blog que han montado en la web para explicar, respaldar y documentar dicha tentativa (www.santamuertecartonera.blogspot.com), es clarísima: “Este proyecto cartonero se suma a la inquietante y provocadora iniciativa latinoamericana de producir libros a precio de costo, hechos artísticamente con material de reciclaje, en catálogos de autores de primer nivel, y a modo de una comunidad informal de editoriales que insisten en la vida nómada del libro, en la lectura como intervención social y en la circulación de los materiales literarios como un desvío a los abrumadores consorcios transnacionales de literatura y publicidad…”.

De esta forma, Santa Muerte pasa a integrar la lista de editoriales ‘marginales’, subversivas si se quiere, que ya estaban funcionando a lo largo del territorio latinoamericano: Eloísa Cartonera (Buenos Aires, Argentina), Sarita Cartonera (Lima, Perú), Animita Cartonera (Santiago, Chile), La Cartonera (Cuernavaca, México), Yiyi Yambo (Asunción, Paraguay), Felicita Cartonera (Asunción, Paraguay), Dulcineia Catadora (Sao Paulo, Brasil), Mandrágora Cartonera (Cochabamba, Bolivia) y Yerba Mala Cartonera (La Paz, Bolivia).


Parte del éxito de estas editoriales pequeñas se basa en la posibilidad de captar, junto con nombres de escritores incipientes, que buscan alternativas de difusión, trabajos de autores que puedan considerarse capitales dentro de la tradición literaria reciente de sus países. Eloísa Cartonera, por ejemplo, logró publicar Mil gotas, libro inédito de César Aira. El último número de Santa Muerte, por otro lado, es Auschwitz, texto del maestro chileno Raúl Zurita. Tomás Eloy Martínez, refiriéndose, precisamente, a Eloísa, llegó a decir que se trataba de “una comunidad artística y social que ha hecho por las personas marginadas de la sociedad de consumo mucho más que las políticas municipales y nacionales que se sucedieron desde el cataclismo económico de 2001…”.

El poeta guatemalteco Alan Mills, quien publicó en Santa Muerte su libro Trenes de alta velocidad, y cuya trashumancia le permite tener una idea clara del panorama latinoamericano (ha participado en festivales en México, Guatemala, Chile, Brasil, Colombia y en organizaciones de estudios latinoamericanos de Suecia y Francia), opina que “se intenta propiciar en América Latina el espacio para una mayor promiscuidad literaria (sobre todo desde la poesía), no necesariamente organizada por los marcos académicos o institucionales (aunque participan, claro), sino desde la experiencia misma del intercambio humano y la lectura en tiempo real. Quizá asistimos a un momento en que las viejas literaturas nacionales se problematizan por la propia velocidad del intercambio de valores simbólicos (poéticos), permitiendo el surgimiento de una escena más polimórfica y arbitraria, que todavía no sabemos a dónde irá a parar”. Mills se refiere a una escena en la que las cartoneras son apenas una variable. También hay que mencionar el uso de bitácoras blog -el mismo Mills tiene una, titulada Revólver- y del Internet en general para crear redes internacionales virtuales, que luego suelen derivar en festivales jóvenes, armados de manera muy artesanal, aunque con tangible entusiasmo, en los que se convive como en una comunidad hippie. (Novíssima verba; Lima; Poquita Fe, Santiago; FLAP, Sao Paulo, Estoy afuera, México).

Paúl Guillén, poeta peruano y especialista en literatura graduado en la Universidad de San Marcos, quien maneja Sol Negro, un visitado y respetado blog de poesía latinoamericana, afirma que “Las editoriales alternativas –no solamente cartoneras- forman una red simbólica de poder frente a las grandes transnacionales que quieren dictarnos qué leer y qué pensar. Por ello, estas editoriales son un medio, contra lo hegemónico, de subvertir esos poderes.

Aquí no puedo dejar de mencionar la labor de editoriales como El Billar de Lucrecia, de México, Tsé-Tsé, de Argentina, El Álbum del Universo Bakterial, Lustra y Cascahuesos, de Perú, entre muchas otras”.

En Ecuador, un joven narrador y estudiante de antropología riobambeño se entusiasmó, hace ya algún tiempo, con las historias que escuchaba sobre las cartoneras argentinas. A partir de allí empezó a gestarse en su cabeza, insistentemente, un proyecto similar. Fue entonces cuando el artista plástico Edwin Lluco, el artesano Eduardo Yumisaca y la estudiante de literatura Gabriela Falconí, contagiados por la idea de una cartonera ecuatoriana, se aunaron al proyecto, que empezó a concretarse al tomar contacto con la gente de Sarita Cartonera, de Perú.

“En el camino”, recuerda Víctor, “encontramos varias dificultades, pero no faltaron instituciones interesadas en apoyarnos. El INFA y el Banco Central del Ecuador, sede Riobamba, fueron nuestros padrinos, al donarnos los materiales y, en un primer momento, el espacio para realizar los talleres”. Actualmente poseen la casa Matapalo, a la que llaman La Casa de Cartón, que se encuentra en el centro mismo de la ciudad de Riobamba.

Así es que va configurándose un ‘mapa alternativo’ de la literatura latinoamericana, que va articulando subjetividades que coinciden en el ideal de hacer de la literatura un territorio al margen de las imposiciones del mercado corporativo, de la agenda de los grandes medios. Se puede citar el cierre de la contundente declaración de principios de Santa Muerte Cartonera: “La Santa Muerte es una forma indócil de fe mexicana (...), (y) son delincuentes los más fieles devotos de ella. (...) La delincuencia y el terrorismo como una forma de escritura literaria. El paganismo y el sincretismo como la metáfora del campo literario que nos interesa. La literatura no morirá”.

Fabián Darío Mosquera
Coordinador

Albanella Chávez y una noche de nicotina


Sobre la presentación de Noches de cuerpo sin nombre de Albanella Chávez, solo colocar las palabras de la autora y las fotos que hablan por sí mismas. Adelante Nicotina cartonera en la ciudad de los anillos.

Ustedes hicieron que la noche fuera maravillosa!! Gracias por haber acompañado la presentación de los versos!!

Un gran abrazo!!

Albanella

Julio Rocardo Zuna, Albanella Chávez y Aldo Medinaceli

domingo, abril 26, 2009

La era del cartón

Gracias al seguimiento de nuestra embajadora cartonera, Johana Kunin, nos enteramos de que en Córdoba, Argentina, Andrés Nieva abrió Textos de Cartón http://textosdecarton.blogspot.com/ y el lunes Julio Ricardo Zuna lanza en Santa Cruz, Bolivia, Nicotina Cartonera. http://nicotinacartonera.blogspot.com/. A esto se debe sumar la iniciativa en Alto Hospicio de Iquique con Canita Cartonera. Con éstas ya existirían 17 cartoneras en el mundo. A expandirse como la gripe!


Ahí van los rastros:


Acerca de Textos de Cartón

NOTA EN EL DIARIO LA MAÑANA DE CORDOBA (Argentina)

¨Textos de cartón¨ es otro sello que estrena su propuesta en la escena literaria cordobesa. La iniciativa está a cargo del escritor Andrés Nieva y el debut ocurre con la publicación de ¨El tiempo es un perro que huele mal y golpea tu puerta¨ de ese autor y ¨Postales¨ de Frank Báez (República Dominicana) y ¨Todo el mundo tiene un primo en el Canal de la Mona¨, de Homero Pumarol (República Dominicana).¨La elección es de escritores que no tienen lugar en otras editoriales y que me parecen interesantes publicar y hacer conocer su obra. El formato es de tapas de cartón reciclado pintado con tempera en un solo tono con una foto y el título de la obra y autor pegado¨, reseña Nieva ante la requisitoria de LA MAÑANA.


Acerca de Nicotina Cartonera
Acerca de Canita Cartonera, anunciado en Italia

El proyecto de "corredores culturales" entre Bolivia y Chile (y ahoraotros países como Perú, Argentina e Italia en parte) a la idea escrear una conexión y el diálogo entre los países a través del arte ylos artistas.El proyecto tiene su epicentro en el mARTadero, y es financiado por elConsejo para la Cultura y las Artes de la Región de Tarapacá en ChileA través de la zona de la literatura en mARTadero han creado lazos conla Yerba Mala Cartonera en Bolivia y otros países de América Latinalas editoriales de cartón que están dando lugar a un verdaderomovimiento sociocultural de la región.Un ejemplo de esta tendencia es la reciente iniciativa de crear unaeditorial Cartonera en una prisión en el sur de Hospicio, financiadopor el Consejo para la Cultura y ArteRegión de Tarapacá, el "Cañita Cartonera".

viernes, abril 24, 2009

Sobre la noche Kitsch



La noche Kitsch resultó todo un éxito, masiva concurrencia, lecturas, cuenta cuentos y la participación de amigas amigos y muchos otros interesados, pronto subiremos las fotos y algunos videos. Un agradecimietno para Oscar Coaquira y sus talentosos amigos, lo mismo para Martha y compañia que nos ayudaron con las tapas y con todo su entusiasmo durante la presentación. Por lo pronto va para todos la ponencia de Gabriel Llanos respecto del Kitsch, disfrútenla.




Decir: ¡Soy kitsch!, es decir: ¡Qué ordinario soy! (y estoy tratando de ser kitsch al querer provocar una risa forzada en usted). Decir ¡soy kitsch!, es reconocer el ch’ojcho que llevamos dentro (naco, t’ara, cursi, cholo). Decir ¡soy kitsch!, es un suicidio civil (y pensemos que no hay nada más de mal gusto que darse muerte a uno mismo).

Kitsch: palabra alemana que puede ser definida como “mal gusto”. Sketch: palabra inglesa que significa esbozo, bosquejo. Cursi: palabra castellana que denota falsa elegancia, ridiculez, apariencia. Todos estos sinónimos definen lo kitsch que no sólo es lo de mal gusto, sino la falsedad estética (qué más kitsch que las elegantes y rimbombantes salas de estar de nuestras clases medias: sillones forrados de nailon, con cuadros recargados de paisajes simbolistas, puntillistas, realistas y adornos de cerámica china en una gran variedad de figuras y formas, además del tapete que cubre el teléfono del abuelo y las velitas de diez watts para la virgencita de Copacabana); la falsa sensación de estar presentes ante una gran obra de arte (el siglo XX ha despojado al arte de su valor intrínseco y lo ha convertido en mercancía), ante un coloso y genio al estilo Miguel Ángel (enséñenos, maestro).

El kitsch es el alimento diario de nuestra existencia, lo que hace que la vida se nos haga más soportable. De norte a sur, de este a oeste, la ciudad de La Paz se transforma en el mercado kitsch por excelencia, disfrazada y enmarañada en la “tradición”, lo ”popular”, lo “inn”, lo “fashion”. Llena sus calles de plástico, de cerámica barata, de latón, de telas importadas, de marcas registradas, de falsa mística (la noche que se entra por la piel...) cada día.

La Paz, ciudad de personajes clichés, de aparapitas, de borrachos y menesterosos, de prostitutas, de sinvergüenzas, de migrantes, de calles auráticas (y más que halo, es la contaminación acústico-visual de la Pérez a la Ceja). Ese gran mercado (que por muy informal que sea, sigue convirtiéndonos en sujetos de consumo) nos da identidad (¿identidad?): El Prado, la Mariscal Santa Cruz, el Obelisco, la Pérez, la Montes, el Cementerio, la Baptista, la Kollasuyo... qué nomás no hemos recorrido Blanquita, nos diría el Joaquino de Mabel Vargas, o el cabo Juan, el Severo y el teniente Oquendo en su radiopatrullla shentodiez, haciendo un tour de la Periférica a la 16 de Julio (el maestro Cárdenas maneja la ciudad-consumo como maneja el Severo su 4x4); la Margarita de la Garita a la cabeza de Zepita con su clefa, con su thinner, al ritmo de morenada o huayños-rap. Cuántos recorridos hace la literatura (la música y el arte en general) paceña por el consumismo exacerbado, por los seres clichés, por la representación teatral, por el objeto, por el melodrama, por el meloso discurso, por la telenovela. (Kundera define al kitsch como la pseudo-seriedad, el elemento que roba la risa de Dios).

Del aparapita de Sáenz hasta el Viscarra (el personaje cargado de misticismo), del discurso tamayano al de Sangre de Mestizos (la estetización del discurso político y la “seriedad” de la cultura), de los dioses germánicos de Freire a los dioses griegos de los contemporáneos (musas de jeans descoloridos, Medeas y Edipos que buscan la profundidad de su existencia).

Los discursos de la literatura paceña toman elementos kitsch y los hacen parte del imaginario social (e incluyamos la banalización de “lo étnico” como herramienta kitsch). La música folklórica, la recuperación de tradiciones, los estudios etnográficos y antropológicos ayudan a que la cultura se torne en un carnaval, en un mercado para la venta de cultura y entretenimiento (qué es el Gran Poder sino el gran poder económico y el flujo y reflujo del capital).

La literatura, el arte en general, pone de manifiesto la existencia del hombre kitsch (en un taller de literatura kitsch, dictado en Cochabamba, escuché que no hay hombre más cursi que el paceño). El Joaquino del cuento de Mabel Vargas (de este cuento surgen estas divagaciones sobre lo kitsch) refleja el estado de melancolía permanente en que el sujeto paceño se encuentra, estado que se torna en pesado y risible con tanta enumeración y lloriqueo sentimental. La voz del Joaquino busca la nostalgia, pero se transforma en una continua y soportable existencia: La ch’ojchedad del ser. El sufrimiento del personaje de Mabel Vargas es aguantable a partir del consumismo y la apariencia, a partir de la banalidad de lo cultural. ¿Qué fuera Joaquino si no hubiera Fanta mandarina o la papaya Salvietti? ¿Qué sería de él sin la morenada? ¿Qué pasaría si no hubiera calles que idolatrar? El ser paceño constituido a partir del objeto (de la cerveza Paceña, de la Coca-Cola, del Bocaisapo, del “Simón I. Patiño”, del Ram Jam, el People Secret, el bar La Estrella, el Lido Grill, el Shoping Sur, el Shoping Norte, el “Monje Campero”, Benetton, la Cinemateca, Burger King, pollos Copacabana y todas las cosas que tienen nombre y se pueden consumir).

¿Cómo podríamos soportar nuestro diario vivir sin las cantinfleadas de la oposición en la política? ¿Cómo podríamos ver Unitel? El paceño, ser moderno por excelencia (y posmoderno por azares del destino) es un ser kitsch, está imbuido en un mundo de apariencias, de imágenes, de consumismo, de falsas percepciones (las vanguardias artísticas se encargan de desacralizar lo clásico y el kitsch se encarga de sacralizar el objeto banal). Nuestra cultura nos hace sujetos kitsch (doble juego: la cultura la hacemos nosotros y ella nos forma y transforma), la mitificación de las cosas (fetichización del diario vivir) y el endiosamiento del hombre.

Viscarra: mártir de los marginales, Sáenz: dios de la academia, Bascopé: señor de los conventillos, Palenque: patrono de los cuernudos, la tía Núñez: virgen a los cuarenta; nos transforman en cursis irremediables, en ch’ojchos que disfrutan de la kullawada, el reguetón, HBO y el tropicalísimo. La literatura de esta parte de Bolivia tiende a mitificar todo lo que toca (tradición buena o mala, lo que importa es que está), y, como tal, tiende al fetiche y al objeto kitsch. Entonces decir que en La Paz hay literatura kitsch no es muy descabellado, no es algo tan desatinado, lo que queda es ver cómo.

El kitsch ha influenciado en la cultura moderna (especialmente en Latinoamérica. Monsivais propone que el kitsch fue bien recibido en esta parte del planeta). No me interesa si usted reconoce ser kitsch, yo le digo: ¡Soy kitsch! Por eso lo dejo con estas elucubraciones y me voy a ver La Nación Clandestina mientras como pipocas y bebo una Coca-Cola bien fría (“Las cosas como son”).

lunes, abril 20, 2009

Mil formas de hablar



La Editorial Yerba Mala Cartonera / YMC y el mARTadero - Cochabamba, les invitan al Taller: "Mil formas de hablar" a realizarse a partir del miércoles 22 de Abril al viernes 24 de 19:00 a 22:30 Hrs. El Taller exporará diversas técnicas de escritura de diferentes escuelas (OULIPO francesa, VANGUARDIA inglesa, además de sus expresiones en Latinoamérica, entre otras formas de lenguajes actuales). Asimismo, el Taller desea crear debate acerca de tópicos dentro la literatura como ¿existe la inspiración o es el arte/artificio?, ¿Cuántos filtros existen a la hora de escribir: reglas, gramática, academias reales, ortografía, etc? El Taller incluye una publicación final con los trabajos realizados por parte de YMC. El facilitador del Taller será Aldo Medinaceli y, con el mismo, la Editorial YMC inicia el Ciclo de Talleres de Escritura Creativa 2009 con el apoyo del mARTadero. Las inscripciones tienen un costo de 80 bolivianos y para mayor información acercarse a las oficinas del mARTadero: Cochabamba - Bolivia. O mediante el formulario de inscripción en el siguiente enlace:

viernes, abril 17, 2009

HOY Noche de Literatura Kitsch


"huachafos, cholos, chojchos, nacos, eso y mucho más somos todos nosotros"

La Editorial Yerba Mala Cartonera / YMC los invita este viernes 17 de Abril a hrs. 19:30 a la lectura, debate, charla, trifulca y encuentro/chairo/poético/en/la Alcaldía Quemada de la ciudad Kitsch de El Alto.

Lecturas Kitsch, presentación de libros (kitsch):

Los cuentos del Ch'otoj! de Óscar Coaquira
Mi ticki cumbiantera de Washington Cucurto (ausente en W.D.C.)
Hijos del Caos! de Aldo Medinaceli
y una charla sobre qué mc es el Kitsch de Gabriel Llanos

vale vestir verde limón, calcetines sobre el pantalón, cabellos naranjas, rayban de noche, sopa con plátano, aber sin ache, frac, gorra, jerga, minis, sandalias, abarcas, camisas sin cuello y etc. seguro se les ocurre algo.


YMC