martes, enero 06, 2015

Congénito, sobre “Bozal” de Juan Malebrán


Por Roberto Oropeza


Los errores del padre no son los errores del hijo; pero los vicios, esos sí son heredables. Al menos, ese es uno de los centros motores de Bozal  (edición especial de Yerba Mala Cartonera, 2014) del autor hospiciano —radicado en Cochabamba— Juan Malebrán.

“Sed que te heredo en medio del miedo” o dicho de otra manera: el lento proceso de autodestrucción generado por el alcohol, que se asemeja al  lento transitar en una peregrinación, teniendo a la pampa como telón de fondo —ese eriazo tan desconocido por estos lados— propicio lugar que no oculta nada y que a simple vista tampoco dice nada.

Este no decir, este no manifestarse del todo es otro de los aspectos sobre los cuales gira el poemario, dueño de una contención y economía de palabras que explica sólo lo justo y  necesario “el coraje no alcanza para arrancarnos de cuajo la lengua que nos mantiene balbuceando en el regazo de nosotros mismos”.

Este acto, el de la imposibilidad de decir las cosas o revelarse ante las mismas, es un juego de a dos puntas, por una parte el autor que, pese a la violencia de algunas de sus imágenes, es mesurado y preciso con  las mismas; y por otra el lector que no puede hacer otra cosa que leer sin poder reaccionar o manifestarse de manera diferente. Conclusión: la comunicación entra en una fase de deterioro, se hace inservible. De alguna forma las dos partes han quedado amordazadas “frente al miedo que la carne impone”.
(…) Un estropajo por lengua
es lo que se tiene
como un nudo que se ciega y
se traba con el segundo vaso
asegurando la incontinencia y
el tiro al blanco en los urinarios.
Bozal no viene a ser una colección de recuerdos familiares amenos “para entonces quizás tu hermana haya dejado de soñarme cada noche cubierto entre mortajas como un cristo ebrio”; pero tampoco busca regodearse en la lástima por la pérdida del padre. Es una fotografía en blanco y negro de la realidad y sobre todo de los recuerdos mezclados con el asco y el delirio de quien posee  esa sed expuestos  todos  a contraluz sin ficción que los salve “que otros lloren la derrota, el desgaste o hasta el triunfo”.

Otro aspecto relevante es el cambio constante del hablante lírico, como el cambiar de carril por la autopista. Este aspecto ayuda de sobremanera a que el poemario fluya libremente por su cauce. Malebrán es consciente de esto y se lo hace notar al lector “todo caerá, incluso tú, que confundes mi voz con tu voz”.
Punto aparte, merecen los 3 textos centrales —aquellos que vienen con numeración romana—y que podrían ser vistos como un epitafio, uno extenso donde el padre va relatando sus últimos momentos:
“Ernesto del Rosario Malebrán Rojas
nacido el 9 de febrero del cincuenta y dos.
Le dije a la enfermera que llenaba la ficha
mientras, mis hijos a lo lejos
no se enteraban que esa misma mañana
dejaría las sábanas para pasar al cajón”
Esto es, una referencia que bien podría llegar a catalogarse como un tributo u homenaje a la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters y su “colección” de espíritus errantes por los pasillos de un panteón, contando sus historias, quejándose por el lugar que les toca ocupar en su última morada. Bozal podría instalarse perfectamente en ese espacio, como un epitafio más, escrito a dos manos por padre e hijo o por uno de ellos que ya no sabe quién realmente es.

Publicado en una edición especial por la editorial Yerba Mala Cartonera, este pequeño libro, también podría ser visto como las últimas palabras de alguien que está por caer o quizás, y esto es lo extrañamente triste: las primeras de aquél que ha comprendido su destino, mediante el otro.

Volutas
 “Adiós, adiós a nada. Doy gracias,
. . . . . . . . . . . . . . .muchas gracias”
. . . . . . . . . . . . . . . . Robert Lowell
De las cuatro cosas que vivimos
ten en cuenta la tarde en la que te dije:
“cuídate de la tierra de cementerio
en las esquinas de tu casa.
Los muertos hablan un idioma
que algunos aprendieron
de la calaca con la que beben.
Cuídate de ellos y de la sal
en el fondo de tus bolsillos.
De aquel que comparte tu mesa y
guarda en su corazón el bálsamo
del evangelio
-aléjate-
delas plegarias de tu madre y
de la familia en su liturgia.
Ten en cuenta
que no todos han nacido
para leer el mundo en el filo de los vidrios
que en lo alto de los muros
el viento desgasta lentamente”.