viernes, julio 27, 2007

Carta de Miguel Ángel Trujillo

La verdad es que eso aún no me cabe en la cabeza. No lo entiendo. Lo recuerdo y más que ponerme triste me pone rabioso. Me hierve la sangre y quisiera buscar a quien le hizo eso, vengarme, pero el sentimiento es encontrado al darme cuenta, en ese mismo instante, que fue su misma mano el que llevo el brebaje a la boca. No pude evitar en pensar en la fugacidad de la vida, en su fragilidad (me suena en la cabeza la música: "Hoy estoy aquí, maaañana me voy...”). No puedo dejar de pensar en ese miércoles, después de las celebraciones paceñas, antes del maldito pichi día de la amistad, decidiendo que aquí no iba más, que se salía del ring, y le puso sabor a su leche. Y "adiós cuates, me voy a conocer otras cosas".

No pues Crispín, estas no son lágrimas de tristeza, son lágrimas de rabia. Tú que me enseñaste el tema de Víctor Heredia, "soobreviviendo, sooobreviviendo...", ¿No era ese el asunto? ¿Sobrevivir?

El mundo loco te olvidará, eso me temo, poco a poco te irás diluyendo en el aire, en el pensamiento, en lo poco que escribiste, en lo mucho que trabajaste, en la música que presentabas en el Pacha Blues, en todas esas mañanas que ya no te verán levantarte de la cama buscando siempre como difundir la literatura mediante la yerbamalacartonera. (¡cabronazo!).

Te recuerdo en la materia de la cual parecía que nunca íbamos a salir. Sentado atrás, siempre atrás, buscando la mejor vista, la que abarque a todos; porque yo sé Crispín, era para observarnos y porque no te gustaba que te observaran, pero yo te observaba, pendejo. Con esa pinta de changuito tierno, misma pinta que la última vez utilizaste para mostrarnos emocionadísimo unos libros de escritores bolivianos que habías conseguido, parecías niño con juguete nuevo, y fue la última vez que nos vimos...

¿Te acuerdas de la que nos gustaba? Que te vas a acordar... yo más bien me acuerdo de esos momentos de discusión, o más bien de resignación, pues no sabíamos si éramos católicos, cristianos, ateos, musulmanes o qué. Aunque eso fue hace tiempo, tú seguiste buscando las respuestas pues yo me estanqué. Pues no sé a qué conclusiones habrás llegado para ir personalmente a verificar al más allá.

La última vez que hablamos fue por teléfono, para pedir un favor para tu amigo. Te negué el favor porque no podía. Siempre estabas preocupándote por los que te rodeaban. No cambiaste Crispín.

No sé que habrá pasado, pues yo no creo que te fuiste muy feliz que digamos, quizá dijiste "ah no, a mi la vida no me caga, primero yo la cago, salud". Y quisiera recriminarte bien jodido, para ver si así logro que puedas venir a darme tus objeciones. No fuiste ni valiente ni cobarde, sólo decidido. Pero ya está, al hecho pecho. Nomás que te voy a extrañar mucho y sin duda me daré la vuelta en clases para verte sentado atrás con tu peinado serio, flaquito, con la chamarra amarilla y jeans, diciéndole a alguien que tal o cual libro es alucinante, alucinante...

Adiós Crispín, adiós.

Miguel Ángel Trujillo